Pero hay una contradicción que no pasa desapercibida: cuando la justicia investiga a los adversarios, se celebra; cuando llama a cuentas a los propios, inmediatamente se habla de persecución política.
La justicia debe actuar sin distingos, pero también respetando el debido proceso y la presunción de inocencia.
Quizá el reto no sea defender personas o partidos, sino defender un principio mucho más simple: que los jueces decidan en los tribunales y no las campañas en las redes sociales.
Así que hoy, más allá de los desafueros que se avecinan o de la vinculación a proceso del exgobernador de Baja California, el verdadero tema terminó siendo otro: la doble vara con la que la política suele medir a la justicia.
Ese ya no es un asunto de coyuntura. Es una vieja práctica de la política mexicana que, por repetirse tanto, muchos han terminado por verla como normal. Y quizá ahí radique el verdadero problema." Y terminamos con una pregunta: ¿Quién o quiénes se merecen los canillazos del día?
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