Eso no significa que el divorcio sea absoluto. Romero dejó abierta la posibilidad de acuerdos en determinados distritos, donde las matemáticas electorales hagan conveniente competir juntos.
Pero en Veracruz el escenario parece todavía más complicado. Aquí, después de los resultados de anteriores coaliciones, panistas y priistas no parecen precisamente desesperados por volver a caminar juntos.
Y mientras las dirigencias estatal y nacional buscan explicaciones, la militancia comienza a buscar puertas de salida.
Unos miran hacia Movimiento Ciudadano. Otros al Verde. Algunos esperan el nacimiento de nuevas opciones políticas como Somos México o en el nuevo partido de Héctor Yunes; y algunos mása esperan ver para donde jala finalmente Américo Zúñiga, quien de hecho ya marcó oficialmente su raya con el PRI.
La pregunta ya no es solamente si habrá alianza PAN-PRI, sino: ¿Cuántos priistas estarán todavía en el PRI cuando llegue la elección de 2027?
Porque cuando un partido deja de ser casa y comienza a parecer sala de espera, sus militantes empiezan a buscar dónde sentarse.
Y en Veracruz, al PRI ya se le están acabando las sillas.
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