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EL AVANCE INTERNACIONAL DE LA DERECHA NO GARANTIZA UN GIRO ELECTORAL EN MÉXICO

El avance conservador en Europa y América Latina provoca euforia opositora, pero México juega otro partido. ¿De verdad viene una ola derechista? ¿El conservadurismo mexicano saldrá del clóset?

EL AVANCE INTERNACIONAL DE LA DERECHA NO GARANTIZA UN GIRO ELECTORAL EN MÉXICO /
Francisco Licona
2026-09-09  
19:53

Lo esencial: La victoria de sectores conservadores en Alemania y otras latitudes despierta entusiasmo en la oposición mexicana, particularmente en la dirigencia del PRI; sin embargo, las condiciones políticas y sociales de México demandan dinámicas distintas. A diferencia de fenómenos como los de Javier Milei o Nayib Bukele, que articularon narrativas radicales de cambio, el conservadurismo mexicano se percibe fragmentado, timorato ante posturas ideológicas claras y dependiente de voceros indirectos. Para competir eficazmente frente al modelo de Morena y la izquierda progresista, la oposición requiere trascender el festejo de victorias ajenas y consolidar una propuesta económica y social convincente.



El avance de la derecha en Europa, particularmente en Alemania, provocó algo más que comentarios políticos en México: despertó esperanzas en la oposición, especialmente en el PRI, donde Alejandro Moreno Cárdenas, ‘Alito’, celebró por todo lo alto el mensaje que, según su lectura, llega desde sectores empresariales de derecha y su interlocutor Vicente Fox.


Pero una cosa es entusiasmarse con el viento internacional y otra muy distinta demostrar que ese viento soplará igual en México. Para entenderlo hay que mirar el tablero nacional.


La derecha y la ultraderecha avanzan en distintas regiones del mundo, pero cada país tiene su propia historia, economía, electorado y malestares sociales. Las olas políticas no cruzan fronteras automáticamente; necesitan condiciones que las hagan crecer.


México, además, no vive hoy un modelo de izquierda radical. Lo que existe es una izquierda progresista con una importante identificación social y con capacidad para mantener apoyos selectivos en sectores empresariales. Así, en la cúpula del dinero, hay aliados y hay rebeldes. Pero sobre todo, un dato importante: el discurso del gobierno sí llega al bolsillo de una parte importante de los mexicanos.


Mientras tanto, la oposición enfrenta el problema contrario. Su discurso sigue siendo, en buena medida, de contraste: fragmentado, reactivo y sin una propuesta económica suficientemente atractiva para convencer al electorado de que existe un modelo mejor para distribuir la riqueza y mejorar las condiciones de vida.


Esto es una diferencia fundamental entre el conservadurismo mexicano con fenómenos de derecha de otros países.


Javier Milei, Nayib Bukele y otras figuras de derecha o de ultraderecha, lograron convertir el hartazgo social en una narrativa política reconocible: ajuste radical, mano dura, confrontación con las élites políticas tradicionales, seguridad, orden o ruptura con el pasado. Temas que a muchos no les gustaría tocar en México, allá sí los tocaron. 


¿Y el conservadurismo mexicano? Hasta ahora parece tener miedo de decir claramente qué quiere. No termina de asumir una posición frente a los programas sociales, evita confrontar abiertamente algunos de los cambios sociales que defiende la izquierda y las posiciones más duras, muchas veces llegan por intermediarios: columnistas, comentaristas, influencers o plumas afines.


Es decir: hay una derecha que quiere ser políticamente correcta, y no se encuentra una derecha mexicana que se asuma como tal, con una narrativa propia y capaz de enamorar o polarizar al elector.


Mientras tanto, Morena tampoco está dormido. El partido en el poder y sus aliados han demostrado capacidad para comunicar, responder ataques, aprovechar los errores de sus adversarios y convertir escándalos, investigaciones y procesos judiciales en parte de la batalla política. Y eso que de política no sabían (se afirmaba). 


Por ello aquí conviene separar las cosas: una investigación corresponde a la justicia y no equivale a una sentencia. Pero políticamente, cada expediente, cada escándalo y cada error del adversario puede convertirse en munición electoral.


Por eso, más que una ola derechista inevitable, lo que hoy existe en México es una oposición conservadora que observa triunfos ajenos y podría estar confundiendo el viento internacional con una oportunidad electoral propia. 


Quizá esperan que el cambio se de por ósmosis. 


El verdadero desafío para la oposición mexicana no será celebrar las victorias de otros. Será atreverse a salir del clóset ideológico, decir qué propone realmente y convencer al elector de que su proyecto puede vivir mejor que con el modelo actual.


Criticar al gobierno puede alcanzar para ganar conversación, pero para ganar elecciones hace falta una esperanza, y esa todavía no la vende la derecha mexicana. 


En el corto plazo, al menos, la balanza electoral no parece inclinada automáticamente hacia el regreso del conservadurismo.


Por supuesto que en política todo puede pasar, pero el pueblo pone el pulgar hacia abajo, y no lo hace porque alguien ganó una elección en Europa o América Latina, lo hace porque decidió que alguien ya no le sirve para gobernar.


Y esa decisión, cuando llega a las urnas, suele ser inapelable.


Como dirían los clásicos, “el que entendió, entendió”.


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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES")

 
 
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