“No me he robado ningún peso. Al contrario, si lo robé, fue para dárselo a ustedes. Esa es mi verdad y esa es la verdad con la que me quedo.”
Y lo repitió, enojado y con tono desafiante: “Si lo robé, fue para dárselo a ustedes” y aunque no aclaró si fue para los reporteros o para el pueblo, lo que no se sabe aún es ¿Dónde quedó el dinero? Y eso lo debe aclarar en el ente fiscalizador no con discursos.
Este caso debería dejar una lección política para los alcaldes veracruzanos: no hay crimen perfecto y mucho menos declaración perfecta. Cuando algo se hace mal, la conciencia puede traicionar y, con el enojo, hasta se puede soltar la sopa pensando que nadie se dará cuenta de lo que hacen con sus 15 uñas.
Aunque quizá esto no les cale a muchos alcaldes porque saben que los organismos fiscalizadores no siempre se utilizan para lo que fueron creados.
Pero qué tal y si un día sí.
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