Cuando obtuvo por primera vez una curul dijo: “Los diputados no deberíamos ganar más de lo que gana un maestro”. Y de ahí se siguió hasta nuestros días: “Los legisladores debemos dar ejemplo de vida austera... Yo no tengo coche y menos chofer, soy un hombre del pueblo... Es ofensivo que los funcionarios vivan con lujo mientras el pueblo sufre...”.
Como presidente del Senado ha sido un francotirador certero que humilla y fulmina con su lengua viperina cualquier disidencia de la oposición.
Así como ha sido leguleyo con muy pocos (López Obrador, Adán Augusto López y uno que otro por ahí) ha sido implacable con los enemigos del régimen y hasta con los dependientes de las tiendas de autoservicio.
Cuando comenzó a viajar en avión dijo: “Viajar en clase turista es parte de mi compromiso con el pueblo”. Pero pronto, bien pronto, dejó esa clase para viajar en Clase Ejecutiva o Business Class. Y desde que ocupa la presidencia del Senado lo hace en The First Class.
Soberbio y mentiroso dijo que esos viajes los pagó de su peculio pero no lo pudo probar y cuando los periodistas ventilaron sus gastos se enfureció y los acusó de clasistas y racistas.
Ahí donde hay una bronca, ahí donde hay gritos, sombrerazos y denuestos, seguro está el patán de Noroña manoteando, vociferando y acercando su cara a la de su interlocutor para dejarle el tufo de su halitosis.
En tantos años viviendo del presupuesto, ¿qué le ha dado este sujeto a la vida política de este país? Nada que no sean sus desplantes y patanerías.
Pero la vida le tenía reservada una muy mala jugada.
Como todo aquí se paga, Dios castigó a este ateo irredento y lo convirtió en un sujeto de la calaña de los que no podía ver; lo convirtió en millonario.
En apenas once meses como Senador, lo hizo dueño de dos Volvos de 650 mil pesos cada uno (con chofer y toda la cosa) y de una casita en el Tepozteco de 12 millones de pesos, con lo que le calló la boca, quizá para siempre, porque ya no podrá señalar con su índice flamígero a los fifís, a los ladrones de cuello blanco, a los saqueadores del erario y a los corruptos, sin sentirse ruborizado.
Pobre tipo, que pena me da porque hasta que se muera vivirá como rico, algo que de seguro jamás deseo ser.
Uy no, qué va. [email protected] |