Pero el periodismo no está para certificar simpatías, sino para verificar capacidades.
Puente Nacional no es un municipio virgen que inicia de cero. Arrastra rezagos históricos: recolección de basura deficiente, parque vehicular inservible, analfabetismo persistente, crisis de agua, policías sin certificar, campesinos olvidados. Ese catálogo no es novedad; es herencia de administraciones fallidas y de un sistema municipal crónicamente débil en Veracruz. Decir que ahora “se proponen soluciones maduras y viables” sin explicar cuáles, cómo se financiarán y en qué plazos, es dejar al lector a medias.
El rigor obliga a preguntar: ¿con qué presupuesto real cuenta la alcaldesa?, ¿qué compromisos financieros heredó?, ¿qué margen tiene frente a las reglas estatales y federales de gasto?, ¿qué prioridades fijará cuando el dinero no alcance para todo? Esas no son preguntas incómodas; son preguntas necesarias.
Nadie sensato espera milagros en dos semanas. Pero sí se espera un diagnóstico público, metas medibles y una narrativa de gobierno que vaya más allá del entusiasmo personal. Gobernar no es “exprimir las horas del día”; es tomar decisiones que suelen incomodar y rendir cuentas sin maquillaje.
Bibiana Sánchez Báez representa, sin duda, a una nueva generación de mujeres en la política municipal. Eso es relevante. Pero la representación simbólica no sustituye la eficacia administrativa. La igualdad se consolida con resultados, no con aplausos tempranos.
Puente Nacional necesita menos lirismo y más política pública. Menos descripción y más evaluación. Menos colibríes en el discurso y más agua potable en las llaves. El periodismo, si quiere servir al interés público, debe acompañar sin adular y criticar sin linchar. Ese es el equilibrio ético.
Al final, la historia juzga con severidad a quienes confundieron buena voluntad con buen gobierno. Ojalá no sea el caso. Pero para que no lo sea, hace falta algo más que entusiasmo: hace falta vigilancia ciudadana y periodismo con carácter. De ese que no se deslumbra con el paisaje y no pierde de vista la realidad. |