Durante años, Veracruz vivió una relación distante —cuando no negligente— con el poder central. Las visitas presidenciales eran esporádicas, reactivas y, en muchos casos, simbólicas. Hoy el escenario es otro: cada visita trae consigo anuncios concretos, recursos etiquetados y compromisos verificables. El anuncio de 20 mil millones de pesos en obras e inversión federal marca un punto de inflexión. No es una cifra menor ni un gesto retórico: es una apuesta directa por la reconstrucción económica y social del estado.
Particularmente revelador fue el despliegue de apoyo en la región Huasteca. Ahí donde antes se suplicaba la llegada del Fonden —y donde los recursos rara vez aterrizaban donde más se necesitaban— hoy se observa una respuesta integral, sin regateos ni cálculos políticos mezquinos. Este cambio no solo tiene impacto inmediato en infraestructura y atención social; también manda un mensaje potente: Veracruz vuelve a ser prioridad.
Pero el impacto de este arranque de año no puede medirse solo en anuncios. Los datos comienzan a respaldar el discurso. Los últimos resultados de 2025 publicados por el INEGI y la Secretaría de Hacienda colocan a Veracruz en primer lugar nacional en porcentaje de participaciones federales, tercer lugar en confianza para la inversión y con una inflación por debajo de la media nacional. En un país donde la estabilidad macroeconómica es cada vez más frágil, estos indicadores no son menores y reflejan una recuperación gradual de la credibilidad institucional.
En el plano internacional, la presencia de Veracruz en la Feria de Turismo en España, dentro del pabellón de México, refuerza esta narrativa de reposicionamiento. No se trata solo de promoción turística, sino de una señal de apertura, proyección y confianza. A ello se suma el desempeño de estudiantes veracruzanas destacando a nivel nacional, planes con visión de largo plazo para el campo y los primeros pasos para recomponer un sistema administrativo que durante años fue sinónimo de desorden, opacidad y simulación.
Sin embargo, una columna crítica no puede quedarse en la celebración. El reto de este nuevo ciclo político será sostener el ritmo y convertir los anuncios en resultados tangibles. La inversión anunciada deberá reflejarse en obras concluidas, empleo real y bienestar medible. La seguridad sigue siendo una asignatura pendiente en varias regiones, y la recomposición administrativa requerirá más que voluntad política: demandará cuadros técnicos sólidos, transparencia y rendición de cuentas.
Hablar bien de Veracruz, hoy, conviene a todos. No por complacencia, sino por responsabilidad colectiva. La narrativa de desastre permanente solo beneficia al estancamiento. Pero hablar bien también implica exigir, medir y corregir. El reflector nacional ha vuelto a apuntar al sur; ahora el desafío será no desperdiciar la luz.
El 2026 inició con señales claras de cambio. Falta lo más difícil: que el impulso no se diluya y que el nuevo rostro de Veracruz no sea solo una buena foto, sino una transformación duradera.
Al tiempo.
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