A este escenario se suma una impresionante lista de aviadores, nombres que cobran sin trabajar y cuya existencia nadie quiere explicar ni justificar. ¿Quién los contrató? ¿Con qué criterios? ¿A cambio de qué favores políticos o compromisos electorales? El silencio alrededor de este tema no solo es sospechoso, es ofensivo para los trabajadores reales del Ayuntamiento y para una ciudadanía que paga impuestos esperando servicios, no nóminas infladas. Aquí, la nueva alcaldesa enfrenta una disyuntiva clara: limpiar a fondo o cargar con una estructura viciada que mina la credibilidad institucional.
Otro reto mayúsculo es la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento (CMAS). Se trata de un organismo con alta capacidad de recaudación, pero con un servicio que dista mucho de la calidad esperada. Cortes constantes, mala atención al usuario y una infraestructura obsoleta contrastan con los ingresos que genera. La pregunta es inevitable: ¿a dónde se fue ese dinero? Mejorar la eficiencia, transparencia y trato al ciudadano en CMAS no es solo un compromiso administrativo, es una urgencia social.
Finalmente, está la permisividad en la venta de cohetes y pirotecnia, una herencia peligrosa de la administración saliente. No se trata de tradiciones, sino de seguridad pública. Accidentes, incendios y afectaciones a personas vulnerables han sido minimizados bajo la lógica del “siempre se ha hecho así”. Gobernar también implica tomar decisiones impopulares cuando está en juego la integridad de la población.
Daniela Griego inicia su gestión con un tablero complicado. El discurso ya no basta. La ciudadanía espera acciones claras, deslindes firmes y una depuración real. Porque gobernar Xalapa no es administrar inercias, es atreverse a romperlas, se sabe de su capacidad y de su tacto para lograrlo.
Al tiempo.
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