Pero en los actuales tiempos de Veracruz, lo que parecía crisis se transformó en una oportunidad.
¿Por qué? Sencillamente porque la gobernadora no se escondió, no delegó, no simuló, no negoció bajo presión. Tomó control, fijó reglas y defendió al usuario, como en mucho tiempo no se había hecho.
Ese estilo/estrategia produjo tres efectos políticos inmediatos. El primero: envía un mensaje a todos los sectores: aquí no funciona el chantaje.
El segundo: fortalece a las instituciones. El tercero: construye autoridad personal.
Y es que, en política, el respeto no se pide: se construye con coherencia.
En ese sentido, la gobernadora Rocío Nahle está edificando ese respeto a partir de decisiones incómodas, pero necesarias.
Por eso su crecimiento en aprobación no responde a publicidad, sino que responde a una narrativa que se valida sola: la gobernadora que pone orden donde antes había negocio y desorden.
Por eso hoy está entre los gobiernos mejor evaluados del país. Y por eso su proyección va más allá de Veracruz.
No es casualidad. Es estrategia con resultados.
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