El FIFA World Cup 2026 representa una oportunidad histórica para México. No solo por el espectáculo deportivo, sino por el impacto económico, turístico y cultural que traerá consigo. Hablar mal del país en el extranjero o intentar desacreditar su capacidad organizativa no afecta únicamente a un gobierno, sino a toda la nación.
En ese contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura de defensa institucional del país. Más allá de las diferencias políticas, su responsabilidad es representar a México y garantizar que eventos internacionales de esta magnitud se desarrollen con éxito.
La discusión pública debe ser firme, crítica y plural, pero también responsable. México tiene por delante una vitrina global con el Mundial, y el reto no es dividirse, sino demostrar que el país puede estar a la altura de uno de los eventos más importantes del planeta. Porque al final, el Mundial no es de un gobierno ni de un grupo político: es de México.
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