La relación Bola 8-Movimiento Ciudadano, o para acabar pronto, Bola 8-Dante Delgado, no es precisamente novedad de última hora. Desde aquellos tiempos en que Leonel Cota Montaño, entonces gobernador perredista de Baja California Sur, acercó al “Cuencaliforniano” con Dante en la ruta obradorista, quedó claro que en política las lealtades son de hule y las amistades, de ocasión. Por eso no extraña que más de un moreno tenga su corazoncito naranja… o al menos su plan B fosforescente guardado en la bolsa del saco.
Y bajo esa lógica, hay quienes empiezan a vender la idea de que Movimiento Ciudadano podría ser la opción que Bola 8 tendría para pelear una curul federal en 2027. Dicho de otro modo: si no hay cobijo guinda, siempre habrá chamarra naranja. ¿Y Manuel Huerta?
Ah, ése no juega para 2027. A él lo están acomodando, en versión rumoróloga de café recalentado, para 2030.
Tampoco aquí se sabe si la especie busca fortalecer a MC o meterle ruido. Pero, aceptémoslo, la puntada no está manca. Si hoy existe un crítico constante, terco y sin mucho ánimo de guardar las formas del sistema en el poder en Veracruz –sea en su versión ejecutiva, legislativa o judicial– ese es Manuel Huerta. Trae pleito, trae discurso y trae ganas de no quedarse callado. Y en esa lógica, no falta quien lo imagine como una carta naranja para la gubernatura, bajo esa vieja máxima de que para que la cuña apriete, ha de ser del mismo palo.
Además, a Huerta difícilmente podrían colgarle tan fácil el letrero de traidor desde Morena, porque la respuesta le saldría redondita: no estaría traicionando nada; simplemente seguiría siendo congruente con la postura que asumió desde que él rindió protesta como senador… y Rocío Nahle como gobernadora. O sea: pleito cantado, pero con barniz de coherencia.
Al final, estos rumores son justo eso: platillos que se cocinan en los pasillos de Palacio de Gobierno, donde se sazona igual la intriga que la especulación. Pueden leerse como algo a favor de Movimiento Ciudadano o como un misilito disfrazado de elogio. Todo depende del prisma, del humor del lector y de qué tanto quiera uno tragarse el menú del día.
Lo cierto es que, a estas alturas, el partido naranja ya alcanzó rango de antagonista oficial del sistema en el poder en Veracruz. Así de rápido cambió el casting: desbancaron a los Yunes azules, que hoy ya andan más cerca del guinda que del azul… aunque todavía quieran posar de oposición sin que les gane la risa.
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