El argumento opositor raya en lo absurdo. Pretender responsabilizar a la mandataria estatal por la aparición de chapopote en el litoral veracruzano es tan ridículo como suponer que alguien pudo esparcirlo manualmente a lo largo de cientos de kilómetros de costa. La caricaturización del problema no solo exhibe ignorancia, sino una preocupante falta de rigor.
Lo más grave es que en ese afán de golpeteo político se omite deliberadamente un dato fundamental: el Golfo de México ha tenido presencia natural de hidrocarburos desde hace miles de años. No se trata de una novedad ni de un fenómeno aislado. Existen chapopoteras naturales documentadas mucho antes de que existieran refinerías, gobiernos actuales o disputas partidistas.
La diputada Bertha Ahued Malpica lo explicó con claridad, aunque para muchos pareció caer en oídos sordos. Recordó el origen del complejo Cantarell, cuyo descubrimiento no fue producto de la casualidad ni de la política, sino del conocimiento empírico de un pescador que durante años observó la emanación natural de hidrocarburos en el mar. Ese testimonio fue la base para uno de los desarrollos petroleros más importantes del país. https://www.facebook.com/share/v/19H2yxGagr/
Es decir, la historia misma desmiente el discurso alarmista y tendencioso de la oposición.
Pero en el Congreso, la verdad técnica importa menos que la narrativa conveniente. Se prefiere el escándalo a la explicación, la consigna al análisis, la acusación fácil al entendimiento profundo. Y así, lo que debería ser un tema de atención ambiental seria se convierte en un circo legislativo.
Nada de esto significa que el fenómeno deba minimizarse. La presencia de chapopote —sea de origen natural o no— requiere monitoreo, evaluación científica y, en su caso, acciones de mitigación. Pero una cosa es atender un problema y otra muy distinta es manipularlo políticamente.
El verdadero daño no es solo ambiental, sino institucional. Cuando los representantes populares optan por la desinformación como herramienta, debilitan la confianza pública y trivializan los asuntos que realmente importan.
En Veracruz, el mar sigue arrojando chapopote. Pero en el Congreso, lo que desborda es oportunismo. Y ese, a diferencia del hidrocarburo, no tiene nada de natural.
Sextante
No hubo sorpresa: la alcaldesa Rosa María Hernández Espejo rindió cuentas de sus primeros 100 días como sabe hacerlo, de frente a la gente y en territorio, no en salones para unos cuantos.
El mensaje fue claro: su gobierno no distingue entre el Centro Histórico y las colonias que durante décadas fueron olvidadas. Hay acciones visibles, desde la recuperación de espacios públicos hasta la limpieza de canales para prevenir inundaciones, todo con recursos limitados, pero con resultados.
También dejó ver firmeza donde antes hubo omisión. La requisa del alumbrado público marca un punto de quiebre frente a un servicio deficiente que mantenía a la ciudad en la oscuridad, y la confrontación con el grupo MAS refleja la intención de poner fin a contratos abusivos que lastiman a la población.
Más que un informe, fue una señal: hay rumbo, hay decisiones y hay un gobierno que está dispuesto a enfrentar problemas de fondo y ponerse del lado de la gente.
Al tiempo.
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“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
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