México también puede apretar a Trump aplicando aranceles a productos sensibles —carne de cerdo o maíz, por ejemplo—. No es ocurrencia, es cálculo de probabilidades políticas. Si Trump ha pegado a México donde duele, esos aranceles le pegarán duro también a la base electoral republicana que tanto necesita hoy en día en el Sur de los Estados Unidos; área en la que los latinos están en su contra por las repatriaciones arbitrarias.
La encrucijada es real. México sigue la línea arancelaria de Estados Unidos frente a China… y eso puede encarecer insumos clave para la industria nacional. Es decir, México ha querido jugar en equipo… pero está pagando el costo.
La revisión actual del T-MEC no es técnica, es política. ¿Extensión de largo plazo o revisiones anuales al ritmo electoral de Trump?
Y ahí se asoma otro ángulo: si México acelera y cede tiempos, el mensaje no será económico, será político. Y en ese tablero, Marcelo Ebrard no juega solo el presente.
Trump ya enseñó cómo juega. La duda es si México responderá con estrategia o con prudencia de más. La política comercial es como la política normal, en la que el que no presiona termina cediendo, sin saber al menos donde estuvo el truco.
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