Figuras y figurones.
Francisco Licona.
 

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Donald Trump juega rudo… ¿y México?
2026-04-22

Si alguien cree que a Donald Trump se le puede jugar “limpio” y salir bien, no ha leído su manual, ni la historia de la relación de USA con México. Trump firmó el T-MEC… y luego aplicó aranceles unilaterales al acero mexicano sin pestañear. Así de simple: Trump negocia y presiona al mismo tiempo.


Y para completar sus malas intenciones, el T-MEC está en revisión porque a él se le pegó la gana.


Por eso no es menor lo que ha puesto sobre la mesa Ildefonso Guajardo Villarreal: México no puede sentarse a negociar “con una pistola en la cabeza”. Si Washington rompe reglas, hay margen legal para responder mediante la retaliación.


México también puede apretar a Trump aplicando aranceles a productos sensibles —carne de cerdo o maíz, por ejemplo—. No es ocurrencia, es cálculo de probabilidades políticas. Si Trump ha pegado a México donde duele, esos aranceles le pegarán duro también a la base electoral republicana que tanto necesita hoy en día en el Sur de los Estados Unidos; área en la que los latinos están en su contra por las repatriaciones arbitrarias.


La encrucijada es real. México sigue la línea arancelaria de Estados Unidos frente a China… y eso puede encarecer insumos clave para la industria nacional. Es decir, México ha querido jugar en equipo… pero está pagando el costo.


La revisión actual del T-MEC no es técnica, es política. ¿Extensión de largo plazo o revisiones anuales al ritmo electoral de Trump?


Y ahí se asoma otro ángulo: si México acelera y cede tiempos, el mensaje no será económico, será político. Y en ese tablero, Marcelo Ebrard no juega solo el presente.


Trump ya enseñó cómo juega. La duda es si México responderá con estrategia o con prudencia de más. La política comercial es como la política normal, en la que el que no presiona termina cediendo, sin saber al menos donde estuvo el truco. 


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