Esto no necesariamente es cierto, Andrés Manuel llegó a gritarle a Marcelo Ebrard, Hugo López-Gatell y a la propia Claudia en las reuniones que tenía con el Equipo de Seguridad antes de las conferencias mañaneras. Pero así como se encolerizaba, así se le bajaba el coraje. Y a la presidenta no. “La doctora explota, grita, maldice, humilla y el coraje le dura varias horas y a veces todo el día”.
Aguas.
Gobernar un país tan complejo como México y más en estos tiempos, debe ser algo muy espeso. Imagina lector, un país donde todos los días hay asesinatos violentos, desapariciones forzadas, feminicidios, secuestros y una creciente percepción de inseguridad. Un país con un crecimiento económico de casi menos cero, con un crónico desabasto de medicamentos, con una deuda externa impagable, con Pemex en quiebra y con la inversión extranjera más baja de su historia entre otros males; gobernarlo -reitero-, debe ser una odisea.
Y si para colmo la buena mujer carga con el “encargo” de defender a toda costa a un criminal como Rocha Moya, con las elecciones del próximo año que no le pintan nada bien a su partido y con las amenazas de Trump... futa.
Pero pretender que los problemas se resuelvan a gritos y sombrerazos es el camino más seguro para ir directo al fracaso.
Un manotazo sobre la mesa y un grito a tiempo son ejemplos de carácter. Pero cuando los gritos son destemplados y van acompañados de humillantes improperios lo que muestran es ignorancia de quien los profiere.
Alguna vez López Obrador le llamó la atención al general Luis Crescencio Sandoval, secretario de la Defensa. Pero el general que era más bueno que el pan (y además estaba agradecido con el presidente por haberlo puesto donde lo puso, cuando era el último en la lista de los generales propuestos para ese cargo) no hizo el menor pancho.
Según Loret, Claudia quiso gritarle a mi general Ricardo Trevilla y éste la paró en seco. “Gritos a mí, no señora”, debió decirle.
Y Claudia perdió, porque a partir de ese momento lo único que logró es que su Secretario de la Defensa le tenga pisada la sombra.
Si la presidenta está gritando en demasía son malas noticias porque está mostrando su falta de control emocional, ya que los gritos son una forma de compensar su incapacidad para defender una postura con inteligencia.
“Gritar es el esfuerzo de un cerebro limitado intentando expresarse”, leí por ahí. Y me queda claro que quien grita pierde la autoridad que quiere ejercer levantando la voz.
Los gritos de Claudia están resultando contraproducentes porque la están desgastando; nadie le está haciendo caso y está perdiendo el respeto de sus colaboradores y sus gobernados.
Por lo pronto, su mal carácter es la botana en las redes y eso la debe tener más iracunda.
Pero mal para ella y pésimo para el país si se empeña en seguir gritando como lo hace hasta ahora; casi todos los días.
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