Si me preguntas lector, cuál es la base de la Selección Nacional tendré que remitirte con el Vasco que se hará bolas con la pregunta porque no conoce la respuesta. Y es que ni en los juegos de preparación como tampoco en el Mundial ha utilizado la misma alineación en dos partidos seguidos, lo que va contra la lógica futbolera, pero a él le ha funcionado y para muestra van estos botones:
A Sudáfrica le ganaron bien a secas; Corea les regaló un gol pero los hizo ver su suerte los últimos quince minutos y por poquito les empata; el 3-0 contra Chequia fue el mejor de sus tres juegos. Pero contra Ecuador jugaron por nota y la melodía les salió perfecta.
Los ecuatorianos que llegaron al Azteca con la moral por el cielo después de haberle ganado 2-1 a Alemania, fueron borrados de la cancha por el juego de conjunto de los tricolores y los golazos de Julián Quiñonez y Raúl Jiménez. Mención aparte merece Gilberto Mora, un chavito de 17 años al que van a soñar tanto Pacho como Hincapié porque fue su pesadilla.
¿Qué sigue? Todo parece indicar que sigue Inglaterra y si las cosas salen bien seguirá Brasil, después Argentina y en caso de que se hagan estos tres milagros México será por primera vez en 96 años campeón o mínimo subcampeón del mundo.
¡Cristo de los desamparados! Como que se ve muy hacia arriba la cuesta, pero ¿y si sí?
Hay algo muy importante que es bueno resaltar. Sin tener figuras rimbombantes los chavos del Tri han hecho algo más que ganar cuatro partidos: han unificado a una sociedad a la que un desadaptado mental, mitómano patológico, ególatra, sectario y asesino se empeñó en dividir. Sus triunfos han logrado opacar (aunque sea por unas semanas) a sujetos como Rubén Rocha Moya, Alfonso Durazo, Américo Villarreal, Marina del Pilar Ávila y a decenas de su calaña que son noticia y están en boca de todos, pero no por meter goles, sino por hechos deleznables.
Es estas semanas pero en especial ayer por la noche, millones de mexicanos salieron a las calles y plazas a festejar el triunfo de su selección como cuando no había atracos, levantones, asesinatos ni narcopolíticos que llegaron al poder prometiendo el paraíso y tienen al país convertido en un infierno.
Reitero lector, los chicos del Tri han hecho algo más que ganar cuatro partidos. Han realizado el milagro de que nos divirtamos y disfrutemos en familia, como cuando éramos felices y no lo sabíamos.
De corazón gracias, muchas gracias, muchachos.
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