Figuras y figurones.
Francisco Licona.
 

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Ayer 8 de julio, el Parlamento Europeo ratificó el Acuerdo Global Modernizado con nuestro país.
México reduce su dependencia de Estados Unidos, sin romper con ellos.
2026-07-09

Durante décadas México escuchó el mismo consejo de economistas, empresarios y especialistas en comercio internacional: ¡diversificar mercados!.


Era una recomendación que todos repetían, pero pocos gobiernos lograban convertir en realidad. Hoy, esa estrategia empieza a tomar forma.


Hace apenas unas semanas escribí aquí, bajo el título "México, con el T-MEC en una mesa y Europa en la otra", que mientras Donald Trump endurecía el discurso comercial, México comenzaba discretamente a construir un segundo gran frente económico. No para abandonar el T-MEC. Tampoco para pelear con Estados Unidos; sino para depender menos de una sola puerta de salida.


Y los hechos comienzan a darle sustento a esa lectura:


Mientras Washington decidió mantener al T-MEC bajo revisiones periódicas que inevitablemente generan incertidumbre para la inversión de largo plazo, el Parlamento Europeo ratificó ayer 8 de julio, el Acuerdo Global Modernizado entre México y la Unión Europea.


No es un detalle menor.


Se trata del acceso preferencial a un mercado integrado por más de 450 millones de consumidores y de la eliminación de aranceles para alrededor del 99% del comercio bilateral.


Eso significa oportunidades para productos mexicanos como aguacate, café, miel, tequila, chile habanero y muchos otros bienes agroalimentarios e industriales; pero, además, representa un ahorro estimado de alrededor de 100 millones de euros anuales para empresas mexicanas que ya exportan al mercado europeo.


Lo mejor, para otros sectores es el alcance del acuerdo, al ir más allá de los aranceles.: Incluye comercio digital, inversión, derechos laborales, cadenas de suministro, cooperación tecnológica, energías limpias y reglas modernas para hacer negocios.


Es decir, México comienza a ampliar su margen de maniobra, como históricamente se deseaba. Y eso resulta particularmente relevante cuando el principal socio comercial del país decidió sujetar el T-MEC a revisiones frecuentes que inevitablemente mantienen un componente permanente de incertidumbre.


Diversificar no significa romper. Significa fortalecer la posición negociadora. Porque ningún país serio apuesta todo su futuro económico a un solo mercado.


Estados Unidos seguirá siendo, por mucho, el principal socio comercial de México, lo que no está a discusión.
Lo inteligente consiste precisamente en que deje de ser el único.


Ahora todavía falta un paso importante para celebrar el gran triunfo de México: la ratificación por los parlamentos nacionales de los 27 países de la Unión Europea y posteriormente por el Senado mexicano.


Pero el mensaje político ya fue enviado. Europa abrió la puerta. Y México hizo bien en tocarla.


Al final, quizá la mejor noticia no sea que México venda más en Europa. La verdadera noticia es que México empieza, por fin, a reducir su dependencia comercial de Estados Unidos; sin romper con Estados Unidos.


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