Hay gobiernos que creen que cambiando las palabras cambian la realidad. Los apagones dejaron de llamarse apagones para convertirse en "interrupciones del servicio eléctrico". Como si el refrigerador volviera a enfriar por arte de semántica, el aire acondicionado reiniciara por decreto o los negocios recuperaran las ventas perdidas porque un funcionario decidió maquillar el diccionario.
La realidad, sin embargo, tiene la mala costumbre de imponerse sobre el discurso oficial.
Más de una veintena de estados del país han padecido fallas recurrentes en el suministro eléctrico durante los últimos meses. La Comisión Federal de Electricidad insiste en atribuirlas a fenómenos climatológicos, altas temperaturas o incrementos extraordinarios en la demanda. Todos esos factores existen. Lo que no se dice con la misma claridad es que un sistema eléctrico sin mantenimiento termina reaccionando exactamente como cualquier infraestructura abandonada: colapsando.
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