Dice Elsa Arnaiz, a propósito de la publicación de su libro Saturar la democracia, que está “muy de acuerdo con el concepto de Ulrich Beck de que, ahora, ya no es tanto lucha de clases, sino diferencias sociales por tu exposición a un riesgo: el riesgo climático, el de que la tecnología sustituya a tu trabajo… Estamos expuestos a riesgos de formas totalmente distintas. No somos todos iguales: la clase media está cada vez más empobrecida y la distribución del capital es cada vez más absurda. No sé por qué seguimos venerando a personas que acumulan millones, billones y trillones en una cuenta bancaria. Es ridículo.”
Añade: “…necesitamos gente normal que hable de cosas importantes con fundamento. En un momento, además, de apatía, de cansancio y de saturación de información.” Pos sí, pero…
Si no tienes enemigos es señal de que la fortuna te ha olvidado, dicen. Porque si el amor no es recíproco, entonces ¿mejor el adiós mutuo?
A la pregunta “¿Los jóvenes se han hecho de derechas?”, Arnaiz responde: “No lo creo. Creo que los jóvenes están muy hartos. En general, la ciudadanía está muy harta. ¿Qué sucede? Que esa socialización a través de una pantalla, de una plataforma, cuyo propietario no es español, ni siquiera europeo, está en la otra punta del mundo y al que le importa una mierda que tu democracia se vaya a la mierda, favorece que este tipo de discursos se asienten tanto en una generación que ve que no hay futuro.” (zendalibros.com, 12/06/2026).
Lo cierto es que, con vacaciones o sin ellas, sigo trabajando, aunque desde otra trinchera: la escritura, la creación. Ahí está lo que dijo Madre Teresa de Calcuta: “No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar.” Así me dijo también mi madre: “A descansar cuando te mueras”. Ahí ‘ta.
Por tanto, no diré mucho, por ahora; sí, lo sé: nunca he dicho mucho. Claro, no hay cosa más difícil, bien mirado, que conocer un necio si es callado.
Mi recordable Lydia Cacho, en entrevista por su reciente novela Un halcón bajo mi ventana, expresó: “No me da miedo que me maten ni morirme. Lo que me produce una angustia profunda es perder la memoria. Porque si pierdo la memoria, alguien podría tomar decisiones sobre mi libertad. Y por mi libertad he peleado toda mi vida.” (zendalibros.com, 28/06/2026). Eso, perder la libertad. ¿Acaso no la estamos perdiendo? Deciden por nosotros, y nos quedamos contentos.
Esta vez, no los abrumaré con datos, estadísticas y demás. Ahí está el gobierno y las noticias para que los embabuquen.
Creo que se nos escapa vivir. Escribió Carl Jung: “En efecto, parece cada vez más obvio que el mayor peligro para la humanidad no son las hambrunas, ni los terremotos, ni los microbios ni el cáncer, sino el ser humano mismo […], y ello por la sencilla razón de que no existe una protección adecuada contra las epidemias psíquicas, infinitamente más devastadoras que las peores catástrofes naturales”.
En la novela Manía, de Lionel Shriver, dice la narradora: “Se defendía del ruido de la política apretando el botón de silenciar.” Click. Nos vemos pronto.
Los días y los temas
Mi gran amiga Paloma Bravo acaba de publicar el libro Polis y cacos; me envió una entrevista (zendalibros.com, 06/07/2026) que le hicieron. Destaco y comparto lo siguiente:
—¿Qué aprecia más de sus amigos?
—La generosidad, el sentido del humor y su compromiso con los demás.
—¿Cuál es su ocupación preferida?
—Leer, reír, andar.
—¿Y su sueño de felicidad?
—Leer, reír, andar.
—¿Cuál es el estado actual de su espíritu?
—Creciente.
—¿Qué detesta más?
—El egoísmo y la falta de integridad.
De cinismo y anexas
No les fallo, ahí les va…
Mamá, en el colegio me llaman Facebook. -¿Y tú qué les has dicho? -¡Me gusta!
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¿Por qué el libro de matemáticas fue al psicólogo? Porque tenía muchos problemas.
Hasta la próxima.
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