En la entrega anterior se analizó la Inversión Extranjera Directa, y es que mientras algunos articulistas sostienen que México vive una fuga de capitales por la inseguridad y la incertidumbre jurídica, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo coloca al país entre los diez principales receptores de inversión extranjera del mundo, con alrededor de 41 mil millones de dólares, por encima incluso de economías como España, Australia y Francia.
Hoy vale la pena revisar otro indicador igual de importante: el mercado laboral.
Para ello se puede recurrir a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con sede en París. Los datos muestran que México mantiene una de las tasas de desempleo más bajas entre los países miembros del organismo. Con niveles cercanos al 2.5 por ciento, únicamente Japón registra mejores cifras, mientras que el promedio de la OCDE ronda el 4.9 por ciento.
En materia salarial también hay un dato difícil de ignorar: la propia OCDE ubica a México como el país que más ha incrementado el salario mínimo real desde 2018 entre sus miembros.
Y existe otro indicador poco comentado: la confianza ciudadana en el gobierno. De acuerdo con esa organización, México aparece dentro de los cinco primeros lugares entre las economías evaluadas.
¿Significa eso que todo marcha bien? ¡Desde luego que no! Sería tan equivocado pintar un país perfecto como insistir en que todo está en ruinas. Los pendientes siguen siendo enormes.
Más de la mitad de los trabajadores permanece en la informalidad; millones laboran sin seguridad social ni prestaciones; los aumentos al salario mínimo no siempre se reflejan en los ingresos de profesionistas y técnicos; la participación laboral de las mujeres continúa por debajo del promedio de la OCDE; y las oportunidades siguen concentrándose principalmente en el norte del país.
Es decir, los problemas existen, pero no son exactamente los que muchas veces dominan la conversación política.
Una cosa es afirmar que quedan enormes retos por resolver y otra muy distinta sostener que la economía mexicana se encuentra en un colapso permanente.
Por eso conviene revisar los datos antes de comprar narrativas.
Porque en política las percepciones ganan elecciones; pero las estadísticas siguen describiendo la realidad.
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