Pero aquí viene lo importante: obtener más rápido una respuesta no significa necesariamente poseer el conocimiento que permitió construirla, entenderla, cuestionarla o defenderla.
Y entonces aparece la pregunta que, a mi juicio, debería incorporarse al debate: ¿Qué pasa si después le quitamos la IA al estudiante y le hacemos una pregunta diferente? ¿Podrá razonar, relacionar conocimientos, detectar un error y construir una respuesta propia? Probablemente no, pero el mundo ya cambió.
Así como utilizamos la electricidad sin que todos sepamos cómo se genera, cada vez utilizamos más herramientas capaces de hacer cosas que nosotros no podríamos hacer con rapidez, y tampoco nos importa saber cómo se genera.
La prueba PISA no mide simplemente quién encuentra primero una respuesta. Evalúa qué pueden hacer los estudiantes con lo que saben: aplicar conocimientos, razonar y resolver problemas en distintos contextos. Y eso sigue siendo indispensable.
Pero quizá ya no basta con preguntarnos qué saben nuestros jóvenes, sino también qué pueden hacer con las herramientas que el mundo pone en sus manos. Por eso desechar la prueba PISA no es la solución, pero tampoco el continuar viéndola como un examen sagrado e intocable. Hay, por tanto, que incorporar nuevas variables al debate.
Recurrir a pensamientos sabios como el que señalaba que si un alumno reprueba, quizá el problema sea el alumno; pero si la mayoría reprueba, entonces el problema quizá no sea solo el alumno. ¿Qué está fallando entonces?
Lo que la IA responde hace esa pregunta todavía más urgente. No porque sustituya al conocimiento, sino porque está cambiando la manera de obtenerlo, utilizarlo y ponerlo a prueba.
¿El modelo educativo mexicano nos está preparando para ese mundo?
No se trata de enseñar menos. Se trata de enseñar mejor: conocimiento, razonamiento, creatividad, criterio, capacidad para preguntar, verificar, utilizar herramientas y resolver problemas que todavía ni siquiera conocemos. Y lo mismo habría que pensar en general pues los países reprobados son más que los que aprobaron.
Sería un contrasentido preparar a los jóvenes para resolver los problemas de ayer ignorando las herramientas del mañana.
Aquí no debería haber vencedores de izquierda ni de derecha, ni defensores ni detractores de PISA, sino debería haber propuestas serias para renovar lo que haya que ser renovado, sin miedo, sin engaños, sin defensas a ultranza, ni buscar rajas políticas de un problema tan serio.
Los únicos que deberían ganar, son los que quieren mejorar la educación para un desarrollo más ordenado del mundo.
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