Veracruz acumula más de 80 casos confirmados durante 2026, de acuerdo con información basada en reportes epidemiológicos oficiales, pero el dato que realmente debería encender las alertas está en Xalapa. La Secretaría de Salud federal confirmó un brote en el Centro Estatal de Cancerología. Al corte oficial del 15 de septiembre había 16 casos confirmados: 12 trabajadores de Salud, tres pacientes y un familiar de paciente.
Tres de cada cuatro contagios identificados en ese brote corresponden a personal sanitario.
¡Y hablamos del CECan! un hospital donde se atiende a personas con cáncer, muchas de ellas especialmente vulnerables ante una enfermedad altamente contagiosa.
La situación obligó a la Federación a enviar especialistas a Xalapa para investigar cadenas de transmisión, reforzar la vigilancia epidemiológica y contener el brote.
Ya no estamos hablando solamente de porcentajes de abasto, cajas que llegaron o no llegaron, compras que correspondían a la Federación y que ahora tendrá que realizar el Estado. Estamos hablando de sarampión.
Una enfermedad prevenible mediante vacunación que México llegó a considerar eliminada y que hoy provoca algo que hace apenas unos años habría parecido absurdo: familias preguntando nuevamente a sus médicos si están suficientemente protegidas lo que refleja algo: El sarampión volvió a preocuparnos.
Y quizá ésa sea la dimensión que todavía no alcanzamos a medir cuando observamos las cifras como simples estadísticas epidemiológicas. Durante meses, la discusión sobre Salud en Veracruz se concentró en Ramos Alor, el desabasto, las protestas, las responsabilidades del IMSS-Bienestar y la respuesta del Gobierno estatal. Ahora tenemos un ingrediente mucho más delicado en medio de todo eso: El sarampión, mientras el responsable estatal del IMSS-Bienestar huye de la prensa.
Quizá Ramos Alor simplemente tenía prisa. Quizá mañana explique el desabasto, las protestas, lo ocurrido desde mayo y qué está haciendo IMSS-Bienestar frente al brote. O quizá vuelva a encontrar una campaña de odio detrás de los cuestionamientos. Pero hay algo que ya no depende de discursos, boletines ni graciosas huidas. Ramos Alor puede correr de las preguntas. El Gobierno parece que no quiere que corran a Ramos Alor. Y lo preocupante es que el sarampión corre mucho más rápido que el Gobierno y el Doctor Muerte.
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