Y con ellos vienen oportunidades para hoteles, restaurantes, taxis, artesanos, comerciantes, operadores turísticos y toda una cadena de servicios que vive precisamente de quienes llegan al puerto con dólares y ganas de conocer Veracruz.
Por eso resulta indispensable poner atención no solamente en las grandes obras y anuncios, sino también en esos pequeños detalles que pueden hacer la diferencia entre que un turista se vaya hablando maravillas de Veracruz... o que decida no regresar.
Este miércoles tuvimos oportunidad de visitar el famoso Gran Café del Portal, en el Centro Histórico del puerto, un establecimiento que se presenta precisamente como un sitio de “origen, historia y tradición”. El propio establecimiento señala que desde 1929 forma parte de la vida del Centro Histórico y que su ubicación ha sido un punto obligado para visitantes.
Fuimos, como tantos visitantes, a disfrutar del tradicional café lechero, acompañado de una canilla y una banderilla.
El café, muy bien.
La tradición, también.
Pero...
Cuando llegó la carta del menú fue imposible no reparar en ella.
La cubierta estaba deteriorada, con las orillas carcomidas por el uso y un aspecto que, lejos de transmitir una imagen de tradición, parecía más bien el de un documento que llevaba demasiados años guardado en algún rincón.
Y aquí está precisamente el detalle.
Una cosa es conservar la historia y otra muy distinta es confundir la historia con el deterioro.
La carta puede ser sencilla. No tiene que costar una fortuna ni convertirse en una pieza de museo. Pero debe estar limpia, presentable y en condiciones dignas de un establecimiento que recibe visitantes y que, además, forma parte de la imagen turística de Veracruz.
Porque si estamos esperando a los cruceristas internacionales, tenemos que entender que el turismo empieza a juzgar el destino desde que baja del barco.
Lo observa todo.
La limpieza.
La atención.
Los precios.
Los baños.
Los restaurantes.
Las calles.
Los edificios.
Y hasta la carta donde le ofrecen el menú.
No vaya a ser que después de esperar 16 años para que regresen los cruceros, resulte que estamos preparando la bienvenida con detalles que parecen decirles a los visitantes: “bienvenidos a Veracruz... pero aquí todavía no nos hemos dado cuenta de que ya llegaron”.
Todavía estamos a tiempo.
Las autoridades pueden promover el turismo, las navieras pueden traer los barcos y el puerto puede recibirlos.
Pero la experiencia final la construyen todos.
Y ahí también tienen responsabilidad los empresarios turísticos.
Porque una ciudad que aspira a recibir nuevamente turismo internacional tiene que cuidar hasta el último detalle.
Y como diría nuestro filósofo xalapeño ateniense, Pancho López:
“A este lugar no regreso.”
Y cuando un turista piensa lo mismo, ya perdimos mucho más que una consumición.
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