La facilidad para esparcir rumores y crear zozobra entre la población, es pacata minuta, la propensión real a lo malo, es un timbre que nos comienza a distinguir como sociedad.
El dolor y el choque es el salvoconducto de lo diario, la simulación una estela intratable. La incomprensión es alegato que permite pavonear el dolor. De todo hacemos comicidad, no sé si para soslayar la realidad, o por consigna moral.
Hoy que astutamente todos cimbran su queja sobre los escombros que el impacto monetario provocó sobre el aumento a los combustibles, ha inyectado una colisión sobre el consumo y la producción de los empresarios.
Además, otro gran tema radica en que según las cifras oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública confirman que 2016, nos dejó un aumento grave en los casos de homicidios violentos, donde entre enero y noviembre del año pasado, superaron los 18 mil, lo que lo convierte en el año más violento en lo que va de la administración federal.
El mantra social no puede continuar debilitándose, por ello, hay que aprovechar el caos para reestructurar un esquema diferente, que nutrido, desde la certeza que las instituciones nos fomenten, demos rumbo a éste encabritado país.
Lo económico determina lo político, lo político determina lo económico, y con dolor ninguno de los dos se equilibra. Las movilizaciones y saqueos, exhiben las huellas digitales de grupos que están aprovechando vacíos para crear caos, y luego posicionar hábiles manos, controlaron las tormentas que ellas mismas parecen haber sembrados.
Menuda tarea la que se tiene enfrente. Pero, como ayer escribiera Carlos Elizondo en su columna, incrementar la presión fiscal sobre los mexicanos sin antes haber hecho un ejercicio profundo de recorte del gasto público, es políticamente explosivo y, dados los casos de corrupción impune, hasta parece una provocación.
Cuando revisamos la Cuenta Pública, que es el documento en el que el gobierno muestra cuánto gastó en realidad a diferencia de lo que planeaba en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), vemos que en 2015 el gobierno federal no ejerció los 4.694 billones de pesos presupuestados, sino que gastó 4.917 billones de pesos. Es decir, gastó 222 mil 570 millones de pesos más de los que originalmente la Cámara de Diputados le había asignado.
Siguiendo lo anterior es importante aclarar, lo que señala Leonardo Núñez González: “Hay que recordar que en 2015 el hoy secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, nos dijo que habría un recorte por 124 mil millones de pesos. El recorte no sólo fue inexistente, sino que el gasto fue superior en una cantidad aún mayor a los 200 mil millones que el presidente señaló que costaría mantener el precio subsidiado de la gasolina”.
A lo que concluyo, estoy de acuerdo con liberar los combustibles, con fomentar la competitividad y hasta que es elástico el consumo de gasolina, lo que no es elástico ni prudente, es que los funcionarios de nivel privilegiado continúen ampliando su presupuesto, mientras que la clase media que es la que mueve el país, contrae sus expectativas reales de futuro, con todas las implicaciones que ello conlleva.
Recordando: En la inestabilidad radica el verdadero riesgo.
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