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Martín Quitano Martínez
 

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El miedo
2017-01-11

mquim1962@hotmail.com


 


Aprendí que el coraje no era ausencia de miedo sino el triunfo sobre él.


El valiente no es quien no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.


Nelson Mandela


 


De muchas maneras el miedo ha tomado protagonismo en buena parte del país la semana pasada. La velocidad de la reproducción en redes de los rumores sobre eventos de saqueos generaron crisis colectivas que crecieron hasta el punto de desestabilizar emocionalmente a grupos de ciudadanos arrastrados por la inercia del miedo; ha sido una fuerte experiencia social observar directamente algunas consecuencias del hartazgo social y su oportunista aprovechamiento por grupos organizados y poderes formales y fácticos, haciendo evidente la fragilidad cívica y el mal humor social utilizado como caja de resonancia ante lo que para muchos fueron acciones calculadas.


 


Sin duda en todo lo vivido en estos días hay fuerzas que buscan presionar y dejar en evidencia las debilidades de legitimidad de un gobierno nacional que ha demostrado su nivel de incompetencia, aprovechando el rechazo hacia una medida tan impopular como el alza al precio de la gasolina, contando con que hay un ambiente de descalificación en amplios sectores sociales que frente al descrédito de Peña Nieto y su ejercicio de gobierno busca romper con las contemplaciones y los lamentos y pasar a la demostración fehaciente de los enojos frente a lo que desde el centro de la república se decide.


 


Y es que hay de saqueos a saqueos. Sin ánimo de justificar, los saqueos realizados al patrimonio público por parte de las élites nacionales, el ofensivo alarde de riqueza y banal comportamientos de los que dicen gobernar, representan una de las nefastas consecuencias de la implementación de un modelo económico que ha atracado la vida presente y futura de millones. Ellos, los beneficiarios de este modelo, tendrían que asumir que las dinámicas sociales requieren mucho más que palabras en red nacional para atemperar el descontento, el mal humor y posibilitar la construcción de confianza; el centro de la indignación nacional está precisamente en la ambición personal con la que han actuado, por la depredación y el daño que han generado.


 


Nuestra entidad mostró también su parte de miedo y hosquedad, los ataques que se dieron en el estado fueron esa muestra de que hay manos y voluntades dispuestas a hacerse presentes en forma de confrontación, que están muy lejos de medidas pacíficas o de reconocimiento de marcos legales.


 


El efecto dominó y de colectivización del comportamiento de los grupos que iniciaron los saqueos, puso de manifiesto que el hartazgo y la debilidad cívica pueden hacer que personas ajenas a los incitadores, ciudadanos que solo estaban presentes en el momento en que sucedían los hechos de vandalismo, optaban por sumarse a la violencia, al ilícito y aprovechar el río revuelto, haciéndose copartícipes de estos actos de rencor y revancha.


 


Paralelamente, los miedos ante los actos y destrozos a comercios, formaron verdaderas olas de pánico; el radio bemba y las redes sociales crearon espirales de rumores que hicieron cerrar muchas áreas del comercio y detuvieron la vida de particulares abrumados por los espantos que crecieron ante las posibilidades, decían, de agresiones a sus domicilios o daño a su integridad.


 


La protesta frente a las medidas federales, la indignación, fue socavada en su legitimidad con los saqueos. Los miedos ganaron ante la indignación al menos por el momento, el ejercicio sin duda fue exitoso para quienes fraguaron y calcularon sus efectos pues parecieran haber logrado su cometido distractor y deslegitimador. Aún no está todo dicho pero esas tácticas violentas plantaron cara a una idea muy amplia de protesta ante la desfachatez peñanietista y sus medidas impopulares.


 


Es de suponer que con el pasto social seco, aún veremos muchos procesos que deberían preocuparnos en mayor medida, mucho más si no logramos socialmente cerrar el paso a la violencia, modificando el comportamiento gubernamental y garantizando que la sociedad participe exigiendo y definiendo nuevos cauces por la vía pacífica y democrática.


 


DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA


En Veracruz, 142 feminicidios y 335 mujeres y niñas desaparecidas durante 2016, urge tomar medidas, el dolor es insospechable. 


 

 
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