Sin embargo, el blindaje se está agrietando. La alcaldesa Sosa Zamudio no solo carga con el desprestigio de su estirpe, sino con su propia falta de temple. Los videos que circulan, donde se le ve en actitudes que provocan náusea social, son apenas la punta del iceberg de una administración que nació torcida.
Pero lo verdaderamente alarmante —y que raya en lo criminal— es lo que sucede tras bambalinas en el Cabildo. El síndico Johard Alejandro Cruz Delfín ha destapado la cloaca: denunció amenazas, extorsión e intimidaciones para obligarlos a firmar, con los ojos cerrados, la entrega-recepción. Quieren que el Cabildo sea el cómplice que lave los pecados financieros de la gestión anterior. La resistencia del síndico es, quizás, el último vestigio de decencia en un ayuntamiento que parece operado bajo métodos de la delincuencia organizada.
La Fiscalía y el ORFIS tienen la palabra, pero la ciudadanía seguramente ya tiene el veredicto.
Lerdo de Tejada necesita una autopsia administrativa. De lo contrario, la legalidad y la rendición de cuentas seguirán siendo simples palabras decorativas en el festín de una familia que se niega a soltar la ubre pública. |