El punto más delicado vino con la reciente reforma al método de designación del Fiscal que —advirtió Ortega— acerca peligrosamente a la Fiscalía al Poder Ejecutivo y deja al Congreso como simple espectador. Señaló que por eso votó en contra y lanzó al aire una serie de preguntas incómodas que valdría la pena se analizaran con seriedad:
¿Se fortaleció la autonomía o se construyó una Fiscalía alineada al poder?
¿Cuántas carpetas se judicializan realmente?
¿Cuántas terminan archivadas o en el rezago?
¿Por qué tantos casos se caen ante los jueces?
Es claro que Ortega debe tener datos fríos al sostener que la falla está en la deficiente integración de carpetas, lo que permite que presuntos delincuentes salgan libres. “Cuando no se investiga bien, los jueces no pueden hacer otra cosa que soltarlos”, advirtió.
El mensaje final fue claro y directo: Veracruz no necesita una Fiscalía autónoma de papel, sino una institución independiente, eficaz y medible.
La pregunta queda en el aire:
¿La Fiscalía demostrará su autonomía con hechos o seguirá siendo una simulación bien narrada?
Valdría hacer caso, pues si de transformación hablamos, lo que señala Ortega es una seria y gratuita llamada de atención. |