Por eso el cambio hacia la entrega directa de recursos no es un detalle administrativo: es un cambio de poder.
El ejemplo más reciente ocurrió en Tequila, donde la gobernadora Rocío Nahle entregó directamente apoyos del Programa de Granos Básicos y puso en marcha la Casa de Semillas de Maíces Nativos y Criollos. Semillas, equipos y herramientas para productores, con un mensaje claro: el recurso público debe llegar a quien realmente lo necesita, sin demasiadas manos en el camino.
Y ahí es donde algunos viejos liderazgos comienzan a resentir el cambio. Porque los campesinos, pescadores, ganaderos o productores forestales ya no necesitan tocar varias puertas, buscar al gestor o deberle el favor a un intermediario, cambia la relación de poder.
Se acaba parte de la dependencia y también se debilitan esos liderazgos que sobrevivían más por controlar la gestión que por representar realmente a la gente.
Es decir, el principio tiene fondo: menos intermediación, menos dependencia, más transparencia, más poder para el beneficiario.
Quizá por eso algunos líderes de antes levantan tanto la voz, porque encuentran cada vez menos gente detrás. No necesariamente porque hayan desaparecido los problemas, sino porque, cuando la gallina de los huevos de oro deja de pasar por sus manos, los líderes de papel empiezan a quedarse sin tinta.
En un estado como Veracruz, donde durante décadas la gestión también fue una forma de hacer política, ese cambio puede tener consecuencias mucho más profundas de las que parecen. |