La mayoría de esos jefes de plaza —de hecho, todos ellos— sabemos quiénes son. Los estamos buscando, los estamos arrestando y mantenemos una presión constante sobre esa amenaza.
Hemos visto aumentar los decomisos de drogas y disminuir la disponibilidad de narcóticos en nuestras ciudades. Afortunadamente, también hemos visto una reducción en las muertes por fentanilo, aunque siguen siendo demasiado altas. Por eso continuamos incrementando la presión.
Eso es resultado del liderazgo del presidente Trump y de la guerra que hemos emprendido contra los cárteles, contra el envenenamiento de nuestras calles y ciudades, y contra la enorme cantidad de actividad criminal que han generado.
Cada una de las medidas implementadas por el Presidente ha obligado a los cárteles a adaptarse y a sentirse presionados. Cuando les quitamos el negocio del tráfico de personas —una industria de miles de millones de dólares que creció durante la administración Biden— comenzaron a concentrarse más en el tráfico de drogas.
Cuando empezamos a atacar las embarcaciones utilizadas para el narcotráfico, comenzaron a utilizar con mayor intensidad las rutas de contrabando en la frontera. Ahora los estamos viendo operar de forma subterránea. Estamos incorporando tecnología para enfrentar esa amenaza.
Pero necesitamos una mayor cooperación. Recientemente regresé de la Ciudad de México, donde me reuní con la presidenta Sheinbaum y con miembros de su gabinete para hablar sobre la colaboración entre ambos países.
Y debo decir que hemos quedado impresionados. Han sido muy cooperativos, mucho más cooperativos que la administración anterior. Sin embargo, también creen firmemente en su soberanía, y nosotros tenemos que respetarla.
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