Del 2018 al 2024, las importaciones de diésel llegaron a 238 mil 800 barriles diarios. Muy alto debido a la baja utilización del Sistema Nacional de Refinación, debido a que las refinerías mexicanas entraron en franco mantenimiento y modernización.
Sin embargo, gracias a la entrada en operación escalonada de la Refinería Olmeca de Dos Bocas durante el 2024 y mientras alcanzaba su ritmo óptimo de refinación a mediados de ese año, las importaciones privadas y de PEMEX disminuyeron a 93 mil barriles diarios en los meses de alta demanda.
Según las cuentas actualizadas a la primera mitad del 2026, la Refinería Olmeca de Dos Bocas aporta más de una cuarta parte del diésel nacional, lo que ha reconfigurado drásticamente la balanza comercial de combustibles, tocando mínimos históricos de 34 mil 500 barriles diarios en meses de alta demanda nacional, lo que explica por qué México ha pasado de ser un importador masivo a tener excedentes listos para ser exportados a Europa.
¿Significa eso que Pemex ya resolvió todos sus problemas? No. Pero sería igualmente un error ignorar la señal. Sí, Pemex tiene problemas, pero cuidado, aquí hay un dato que no encaja del todo con la narrativa de que absolutamente todo está mal.
Mientras durante años se ha repetido que las refinerías mexicanas son un lastre, que Pemex sólo representa pérdidas y que la Refinería Olmeca no produciría resultados, ahora aparece una ventana de producción creciente y una coyuntura comercial con Europa para un combustible mexicano que cumple con las exigentes especificaciones de aquel mercado.
¿Qué cambió? Europa enfrenta una fuerte presión sobre el mercado del diésel. Los conflictos internacionales, las restricciones a los suministros tradicionales y la presión sobre las refinerías han alterado los flujos comerciales.
El combustible escasea, los precios cambian y transportar diésel mexicano hasta Europa puede convertirse en una oportunidad rentable; y ahí es donde el caso español adquiere otra dimensión. No se trata de declarar que Pemex ya está salvado del todo lo que venía padeciendo; se trata de reconocer que algo se está moviendo.
Tal vez sea una oportunidad coyuntural. Tal vez sea el inicio de una nueva capacidad exportadora. Eso todavía habrá que verlo. Pero los datos obligan a revisar, cuando menos, algunos de los pronósticos más pesimistas.
Porque una cosa es criticar los problemas reales de Pemex y otra muy distinta es cerrar los ojos cuando aparece una señal de que algo también puede estar funcionando.
Las figuras no se mencionaron a propósito, porque también habría que mencionar a los figurones. Y esos, como usted bien sabe, se cuentan por montones.
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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES") |