“El Presidente ha externado que prefiere no hacerse la prueba, ya que de alguna manera podría saberse, y de salir positivo, sus adversarios se daría vuelo”, me comentaron este fin de semana. La conveniencia por encima de la promesa, así se mueve AMLO en el tema de su salud.
“La verdad es que si el Presidente gozara de buena salud lo habríamos resaltado de mil formas, puesto en el cielo, y remarcado en negritas”, me confesaron. No ocurre así, y más ahora, en tiempos de pandemia por Covid19, donde la hipertensión, junto a afecciones cardíacas y tercera edad, son factores de riesgo total.
Van 280 días desde que el Presidente prometió entregar sus exámenes de salud. “Estuvo a punto de hacerlo, pero se vino el coronavirus y quería continuar efectuando sus giras, abrazando y besando gente”, me comentó la misma fuente cercana al tabasqueño.
Adicionalmente, AMLO es tratado con frecuencia por temas cardiacos y de su columna vertebral. De hecho, en varias ocasiones sus médicos le han recomendado intervenirse de la espalda, buscando evitar que en algún momento pudiera sufrir un dolor insoportable.
“Que se queden con las ganas, no hay algo que me obligue a informar sobre mi salud”, dijo AMLO la última vez que le plantearon el asunto, y nadie se atrevió a llevarle la contraria.
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