Justo ahí fue donde comenzó la disputa narrativa.
Para Morena y sus aliados, las movilizaciones confirmaron algo que la oposición no ha podido negar: la enorme capacidad territorial y de movilización del oficialismo, el cierre de filas de la coalición gobernante y la permanencia de una base social activa dispuesta a respaldar políticamente a la presidenta.
Pero al mismo tiempo, el evento también terminó dándole oxígeno a la oposición. Porque mientras Morena celebraba músculo político, sus adversarios aprovecharon la exposición nacional para volver a posicionar temas que consideran vulnerables para el gobierno: seguridad, polarización, presuntos vínculos criminales, división interna y el desgaste natural del poder.
Es decir, ambos bloques utilizaron el mismo evento para fortalecer su propia narrativa. Y quizá ahí radique lo verdaderamente importante de lo ocurrido este domingo.
Más allá de plazas llenas o vacías, el acto confirmó que rumbo al 2027 y el 2030, México seguirá viviendo no sólo una disputa electoral, sino una batalla permanente de percepciones políticas.
Morena mostró capacidad de organización. La oposición encontró nuevos argumentos de confrontación. Y ambos salieron convencidos de haber ganado la jornada.
Lo demás, como siempre ocurre en política, no se decidirá en las redes ni en las plazas. Se decidirá cuando los ciudadanos vuelvan a estar frente a las urnas.
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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES") |