Las primeras declaraciones de Ana Cristina Ledezma, presidenta electa del PAN en Veracruz —aún pendiente de ratificación por el CEN—, ya provocaron duros comentarios dentro del propio panismo.
Esta lluviosa mañana en los cafés de la capital veracruzana, los sabios bebedores del mejor aromático del planeta conversaron con panistas de la vieja guardia, que criticaron duramente a la presidenta electa del Comité Directivo Estatal. Crítica de fondo que cobra importancia por no provenir de adversarios políticos, sino de sectores internos que la llevaron al triunfo y esperaban un mensaje de unidad, reorganización y rumbo con miras al 2027.
Cuando una dirigente estatal afirma que no existe diálogo con el gobierno y pone como ejemplo que al PAN ya no lo invitan a las ofrendas patrias, envía una señal equivocada: los ciudadanos están preocupados por seguridad, empleo, salud, agua, carreteras, servicios públicos y economía familiar, pero difícilmente una oposición crecerá electoralmente por reclamos protocolarios.
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Y es que el problema de fondo no parece ser la falta de invitaciones oficiales, el problema de fondo del PAN es la necesidad de reconstruir estructuras, reconciliar grupos internos, fortalecer liderazgos y construir una agenda capaz de conectar nuevamente con la ciudadanía.
Los partidos opositores no regresan al poder por cortesías institucionales. Regresan cuando logran interpretar el ánimo social y ofrecer alternativas creíbles.
Ahí está la verdadera batalla. Lo demás corre el riesgo de sonar a nostalgia de los tiempos en que gobernaban, y la nostalgia rara vez gana elecciones.
Los canillazos del día son para quienes siguen confundiendo presencia en el presídium con presencia en la ciudadanía. |