Pero ninguna de las dos medidas, por sí solas, resolverá el problema de fondo.
Hay que apuntarlo: el verdadero origen del caos vial no nació este año ni el anterior, se construyó durante décadas de crecimiento urbano acelerado, permisos flexibles, desarrollos mal planeados y una infraestructura que dejó de crecer al mismo ritmo que el aforo vehicular.
Cada nuevo edificio sin estacionamiento suficiente, cada negocio que traslada sus vehículos a la vía pública y cada colonia diseñada para menos habitantes de los que hoy alberga, termina pasando la factura a la ciudad.
Por eso el reto no es solamente retirar los apartados ni endurecer las licencias. El reto es coordinar el desarrollo urbano, la movilidad y el crecimiento poblacional.
Las dos alcaldesas parecen haber comenzado a atender partes distintas del mismo problema. Quizá ahora toca atacar también la raíz.
Porque los “mejoralitos” alivian el dolor. Pero rara vez curan la enfermedad.
Es decir, ni tanto que queme al santo, ni menos que no lo alumbre. Así que por lo pronto, los canillazos son para las dos alcaldesas. |