No significa que el problema esté resuelto, pero sí que existe una ruta institucional para cerrarle espacios a estas redes.
Veracruz podría fortalecer ese camino con auditorías permanentes, controles internos, revisiones patrimoniales, exámenes de confianza en las áreas sensibles y una política de denuncia protegida para quienes conozcan cómo operan estas estructuras.
Pero hay un segundo frente igual de importante: El ciudadano.
Porque muchos despojos pudieron evitarse con revisiones periódicas en el Registro Público, conservando completa la documentación, vigilando movimientos registrales y denunciando cualquier anomalía desde el primer momento.
La mejor defensa sigue siendo detectar el problema antes de que un expediente aparentemente legal termine convirtiéndose en una sentencia de despojo.
Al final, ningún cártel inmobiliario sobrevive solamente por la corrupción. También sobrevive gracias al silencio, la desinformación y la tardanza para denunciar.
Por eso, combatir estas redes no es únicamente tarea del gobierno. También empieza por cuidar lo que durante años costó construir.
Porque una casa u otra propiedad puede perderse en un trámite, pero también puede salvarse con información. Porque la mula no era arisca, la hicieron.
Ahora ya se sabe en qué canchas está el problema y la solución. |