No se puede afirmar, sin un peritaje de cada accidente, que los fotógrafos sean responsables de las muertes registradas entre motociclistas. Hacerlo sería irresponsable. Pero tampoco debe ignorarse un fenómeno que ya resulta visible y que merece ser analizado preventivamente antes de que una fotografía termine asociada a una tragedia.
La dimensión alcanzada por esta actividad quedó documentada desde abril. El Indicador de Veracruz publicó el 15 de abril un reportaje sobre Cooper Jiménez y esta modalidad de fotografía. La publicación identifica expresamente avenida Xalapa, Murillo Vidal, Pocitos, Cerro Gordo y Plan del Río como sitios donde fotógrafos esperan el paso de motociclistas, especialmente los domingos. Incluso señala que los conductores reconocen la presencia de las cámaras y reaccionan ante ellas.
Es decir, no hablamos de una percepción aislada.
En redes sociales existen perfiles dedicados precisamente a capturar motocicletas en movimiento, como franzo.phx, además de otros proyectos similares. Nada cuestionable existe en fotografiar motocicletas ni en documentar una comunidad que comparte una afición. El problema aparece cuando la carretera comienza a funcionar como escenario, la velocidad como espectáculo y la fotografía como recompensa.
Ahí cambia completamente la ecuación.
El asunto ya llegó además a la agenda pública. La reportera Samantha Ortega cuestionó recientemente el tema durante una conferencia de la gobernadora Rocío Nahle García, mientras que días antes este reportero había advertido sobre esta situación durante la primera emisión del noticiero En Contacto.
Este martes 18 de agosto, la alcaldesa Daniela Griego Ceballos confirmó que existe preocupación institucional por el incremento de percances con motociclistas. Anunció una estrategia coordinada con el Gobierno estatal, la Secretaría de Seguridad Pública y las direcciones estatal y municipal de Tránsito para reforzar operativos, revisar documentación, verificar equipo de protección y promover medidas preventivas.
La preocupación tiene fundamento. Apenas el 2 de agosto se reportó otro motociclista derrapado sobre la carretera Xalapa-Veracruz, a la altura de Plaza Xanat, que tuvo que ser trasladado a un hospital.
Pero los operativos no deberían limitarse a casco, licencia, placas o alcoholímetro.
Las autoridades necesitan analizar también estos puntos convertidos informalmente en escenarios fotográficos. No necesariamente para prohibir una actividad legítima, sino para establecer condiciones de seguridad: impedir concentraciones en lugares peligrosos, evitar invasiones del derecho de vía y, sobre todo, desalentar cualquier dinámica que incentive maniobras temerarias.
Los propios fotógrafos pueden colaborar. Una imagen espectacular jamás puede valer más que una vida. Quienes integran estas comunidades deberían promover fotografías responsables y rechazar públicamente maniobras peligrosas destinadas únicamente a conseguir una toma llamativa.
Y los motociclistas deben entender algo elemental: Murillo Vidal, Arco Sur y la carretera Xalapa-Veracruz no son pistas de competencia ni estudios fotográficos.
Una motocicleta ofrece poca protección frente al pavimento, un automóvil, una barrera metálica o un árbol. A determinada velocidad, una distracción de segundos puede ser definitiva.
Las autoridades están a tiempo de intervenir preventivamente.
Porque ninguna fotografía, por espectacular que resulte en Instagram o Facebook, merece convertirse después en la última imagen de alguien.
Al tiempo.
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(COLUMNA "ASTROLABIO POLÍTICO")
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