Dorheny posee trayectoria partidista, experiencia legislativa y estructura interna, aunque su cercanía con el grupo del exgobernador Cuitláhuac García representa una fortaleza entre militantes y, simultáneamente, un límite frente al electorado independiente. Delia González ofrece preparación técnica y experiencia fiscalizadora, pero dirigir el ORFIS no necesariamente produce identidad electoral ni conexión con las colonias.
Ahí aparece Ricardo Ahued Bardahuil.
Su eventual postulación no respondería a la falta de méritos personales de otros aspirantes, sino a una realidad pragmática: Morena podría necesitar una figura ampliamente conocida, con reconocimiento transversal y capacidad para comunicarse con sectores que no se identifican automáticamente con la Cuarta Transformación. Ahued ya gobernó Xalapa, conoce sus colonias, mantiene relación con comerciantes y organizaciones sociales y conserva una imagen de servidor público accesible.
Mandarlo a las urnas sería emplear una carta fuerte para asegurar una diputación, aunque también implicaría retirarlo de una Secretaría de Gobierno estratégica. La pregunta no es únicamente si Ahued puede ganar —probablemente sería el perfil morenista más competitivo—, sino si resulta conveniente sacrificar su operación política estatal para resolver una candidatura que el partido debería ser capaz de construir con sus propios cuadros.
Morena no puede confiar únicamente en la marca. Xalapa ha demostrado que su voto puede dividirse y que una mala selección convierte una ventaja partidista en una elección cerrada. La dirigencia deberá medir conocimiento, pero también aceptación, capacidad territorial y ausencia de negativos.
Enfrente opera el grupo encabezado por José Francisco Yunes Zorrilla y Américo Zúñiga Martínez. Su estrategia parece menos orientada a presentar una alternativa para Xalapa que a desacreditar diariamente cualquier acción de los gobiernos federal, estatal y municipal. Primero aseguraron que Morena pondría al país de cabeza; agotado aquel discurso, ahora recurren indiscriminadamente a la etiqueta de “narcogobierno”.
La oposición tiene derecho a cuestionar y fiscalizar. Lo cuestionable aparece cuando sustituye pruebas y propuestas con repetición propagandística.
Esa narrativa local coincide con la ofensiva nacional impulsada alrededor de Ricardo Salinas Pliego. La gobernadora Rocío Nahle compartió una publicación sobre una presunta red integrada por al menos 13 operadores mexicanos dedicada a amplificar mensajes contra el régimen. Se trata de un señalamiento político y periodístico que debe investigarse y comprobarse, no de una sentencia definitiva. Investigaciones periodísticas han descrito una red de comunicadores, cuentas anónimas y amplificación digital relacionada con el empresario.
Morena enfrenta así dos riesgos: una oposición organizada para desgastarlo y su propia incapacidad para producir candidatos competitivos. Si necesita recurrir a Ahued, podrá ganar Xalapa; pero también estará reconociendo que, entre tantos aspirantes, todavía no encuentra quién inspire suficiente confianza.
Al tiempo.
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(COLUMNA "ASTROLABIO POLÍTICO")
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