Porque mientras el PAN, el PRI y Movimiento Ciudadano recorren el estado denunciando, acusando y tratando de construir una narrativa de crisis, Rocío Nahle sigue gobernando.
En apenas unas semanas desfilaron por Veracruz Jorge Romero, dirigente nacional del PAN; Dante Delgado, fundador de Movimiento Ciudadano, y Alejandro Moreno, presidente del PRI.
¿Casualidad?
¡Por supuesto que no!
Veracruz les importa porque saben perfectamente lo que representa electoralmente y porque, rumbo a las próximas elecciones, necesitan recuperar un terreno que perdieron hace tiempo.
Pero mientras ellos hablan, el gobierno estatal sigue colocando resultados sobre la mesa.
El ingenio San Pedro no cerrará y será rescatado bajo un esquema público que busca proteger empleos, productores y la economía de toda una región.
Se anunció también la primera Escuela Veracruzana de Servicios Turísticos, gratuita y enfocada en profesionalizar uno de los sectores con mayor potencial económico del estado.
En educación, la meta es que cada estudiante de nivel básico reciba útiles escolares y que se atiendan las carencias de mobiliario y mantenimiento de miles de planteles.
Y algo más, Rocío Nahle está recorriendo hospitales, municipios y regiones, escuchando problemas directamente donde ocurren.
En territorio, no desde una cafetería, no desde una conferencia partidista y mucho menos desde el berrinche político.
Ahora quieren convertir en escándalo que familiares del expresidente Andrés Manuel López Obrador trabajen en el Gobierno de Veracruz.
La pregunta es sencilla: ¿ser familiar de un expresidente cancela automáticamente el derecho de una persona a ocupar un cargo público?
Claro que no.
Lo verdaderamente sorprendente es escuchar estas acusaciones de partidos que durante décadas convirtieron el poder en patrimonio familiar.
En Veracruz conocemos perfectamente esas historias.
Alcaldías, diputaciones, senadurías, cargos administrativos y candidaturas que pasaban de padres a hijos, de hermanos a hermanos y de un grupo político a otro.
Hoy pretenden presentarse como guardianes de la moral pública.
¡Cínicos!
La desesperación tiene una explicación muy sencilla: quieren con ansias locas regresar.
Pero hay un problema.
El pueblo veracruzano ya los conoce. Ya los padeció, y ya decidió sacarlos del poder.
Así que quizá Napoleón tenía razón.
Cuando el adversario se equivoca solo, lo mejor es no interrumpirlo.
@IvanKalderon
(COLUMNA "PERFILANDO")
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