El dos veces alcalde y exalcalde de Tatahuicapan trajo de inmediato a la Junta de Coordinación la seriedad que el Congreso veracruzano había estado necesitando para operar debidamente en favor de las necesidades legislativas y sociales.
Después de un sexenio de banalidades, de iniciativas mal planteadas, de leyes aprobadas sin consistencia jurídica, la llegada de la nueva cauda de Morena, que desplazó al grupúsculo de amigos y familiares cuitlistas, mejoró de inmediato el trabajo legislativo y se reinstauró la concordia política entre los actores de la oposición, los aliados y el partido oficial.
Lo primero que se pudo advertir fue un cambio radical en el trato a los ciudadanos que se acercan a la Legislatura o al diputado local que los representa ante el estado. Muchos militantes guindas que parecían olvidados por sus cúpulas volvieron a ser atendidos con comedimiento, del mismo modo que muchos ciudadanos apartidistas recibieron nuevamente el interés y la comprensión de los diputados emanados del partido Morena.
Y no se diga de los protagonistas políticos de la entidad, como los presidentes municipales -los que salieron el último día del año pasado y los que entraron la primera jornada de este año que transcurre-, los dirigentes de los sindicatos y las cabezas de asociaciones civiles que ahora se sienten tomados en cuenta.
El profe Esteban ha mantenido un trato directo con la gente a través de los miércoles ciudadanos, en los que platica directamente tanto con peticionarios como con quejosos de todas las layas.
Es cosa de sensibilidad, de conocimiento, de experiencia vital, que parece fácil tener, pero no se le da a muchos de los llamados políticos de nuestro tiempo, y que el conductor de la Legislatura maneja con tanta soltura y eficiencia… para bien de Veracruz.
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