Además, mostró que la línea de lealtad entre Morena, el Partido Verde y el PT es muy frágil, pues cada uno valoró por su lado sus propios intereses. Lo peor es que se trata de un golpe muy fuerte para el gobierno de Claudia Sheinbaum, quien, aunque mantiene buena aprobación, enfrenta ahora que son sus propios aliados —con los que llegó al poder— quienes le ponen el pie para que sus proyectos se caigan de forma estrepitosa, como ocurrió con la anunciada reforma electoral.
Este fallido intento por aprobarla exhibe una división política y una debilidad tanto del partido gobernante como del propio gobierno, que no pudo sacar adelante la reforma. Esto debilita al gobierno de Sheinbaum y también la unidad rumbo a las próximas elecciones de 2027.
El fracaso de Morena en la Cámara de Diputados, con el rechazo a la reforma electoral, exhibe además el tropiezo de Luisa Alcalde al frente de Morena. Se trata de un fracaso compartido con Ricardo Monreal y con los gobernadores que, desde sus estados, no pudieron convencer a los diputados federales de los otros partidos, ni con presiones ni mucho menos con acuerdos políticos.
No supieron cabildear o simplemente no quisieron hacerlo. Incluso queda la duda de si desde Palenque se dio la autorización para permitir este revés a Claudia Sheinbaum.
Luisa Alcalde enfrenta hoy un gran problema: no haber sabido operar políticamente y haber fracasado en impulsar las iniciativas de la presidenta de México. Tal parece que aquella frase irónica que marcó la historia del presidencialismo mexicano —“¿Qué horas son? La hora que usted diga, señor presidente”— ha quedado atrás.
Hoy Claudia Sheinbaum, considerada una mujer preparada, con una política firme en materia de seguridad, respetada en el ámbito internacional y con alta aprobación entre los mexicanos, enfrenta con este fracaso de la reforma electoral su primer tropiezo político.
El relevo en la dirigencia nacional de Morena debería ser la consecuencia de este descalabro político. |