De igual forma, esa parte cuatroteísta cree que si el nombre de la presidenta aparece en la elección del 2027, la alianza tendría condiciones para obtener la gran mayoría de las gubernaturas en disputa. Observan en Sheinbaum un factor de arrastre positivo similar al de AMLO en el 2018.
Sin embargo, existe otra sección del morenismo y sus aliados que considera arriesgado coincidir la revocación de mandato con la elección del 27; sostienen que los negativos presidenciales pesarían más después del rechazo a la primera versión de la Reforma Electoral.
De todas formas, sea positiva o no para el morenismo la presencia de Sheinbaum en la boleta del 27, es poco probable (quizá prácticamente imposible), que esa parte del Plan B sea aprobado en San Lázaro, tal como se ha dejado entrever.
Sin embargo, más allá del futuro que pudo o no tener la idea de que Sheinbaum “empujara” a los suyos en el 2027, se desató en el seno de la alianza o lo que pudiera quedar de ella (después de las diferencias con el Verde y el PT), otra vez una charla sobre la necesidad de que cada quien camine por su lado.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
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