Hace dos semanas, el pasado 12 de marzo, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, dio una versión sobre las manchas de petróleo que invadían el litoral veracruzano:
— Todo parece indicar que fue de un barco privado, no de Pemex. Fue un barco de otra petrolera que estaba haciendo trabajos frente a las costas de Tabasco, aproximadamente por (la localidad) Sánchez Magallanes.
Al dar esta información, la gobernadora -extitular de la Secretaría de Energía durante la administración de López Obrador- dijo haber consultado “al director de Pemex y a autoridades federales”.
El pasado lunes 23 de marzo, un comunicado oficial del gobierno estatal le atribuyó nuevas declaraciones sobre el tema a Rocío Nahle quien -según ese boletín- habría informado que su administración mantenía coordinación con la Federación para la atención, limpieza “e investigación del origen del derrame”, el cual -según esta nueva versión- se generó en el mar y fue desplazado por corrientes hacia el litoral del estado.
— Sí hay derrame, las corrientes lo traen y a nosotros nos corresponde limpiar y apoyar al Gobierno federal.
En su versión del pasado lunes, la gobernadora de Veracruz explicó que, con base en reportes del gobierno de México y de la Secretaría de Marina, “el hidrocarburo estaría asociado a eventos ocurridos en altamar, presuntamente vinculados a una embarcación, cuyas corrientes lo trasladaron desde el litoral de Tabasco hacia costas veracruzanas”.
Pues bien: las autoridades federales, quienes conformaron un grupo multidisciplinario, “tienen otros datos”.
Resulta que, contrario a lo informado por Rocío Nahle, una de las fuentes de todo ese hidrocarburo se ubica en las costas de Veracruz.
El secretario de Marina, almirante Raymundo Morales Ángeles, dio a conocer que el derrame de hidrocarburo en el Golfo de México tuvo tres fuentes.
La primera de ellas -explicó- fue un derrame ilegal detectado desde el 3 de marzo en playas de Coatzacoalcos.
— El primero se debe a un buque que estuvo fondeado en Coatzacoalcos; el segundo, a emanaciones naturales de las chapopoteras que se encuentran a cinco millas del puerto de Coatzacoalcos, y la tercera es de las emanaciones naturales que se encuentran a 60 millas de Ciudad del Carmen, Campeche, de la zona de Cantarell.
La mañana de este jueves, durante su conferencia de prensa, la presidente Claudia Sheinbaum habló sobre el tema:
— Hubo un derrame original de un barco, que aquí mencionamos. Sin embargo, hay otras manchas en el Golfo, que están identificando de dónde vienen estas manchas y están haciendo esta investigación (...) La Secretaría de Marina está haciendo toda la investigación, junto con las instituciones internacionales, para poder ubicar el barco en donde hubo este primer derrame. Y hay ya una hipótesis, pero tienen que confirmarla. Por otro lado, hay algunas otras manchas que identificaron y que están viendo cuál es la fuente.
Por su parte, la procuradora federal de protección al ambiente, Mariana Boy Tambarell, informó que el derrame de hidrocarburos en costas de Veracruz ha afectado, hasta el momento, a seis ejemplares de fauna silvestre: tres tortugas y tres aves.
En el caso de las aves, señaló que fueron limpiadas y posteriormente liberadas. No precisó el estado en que fueron encontradas las tortugas ni si sobrevivieron.
Rocío Nahle había informado previamente sobre el hallazgo de una tortuga, la cual —indicó— no estaba relacionada con el contaminante y fue devuelta al mar.
Tuvieron que pasar 23 días, tiempo en el que las manchas de crudo se extendieron por todo el litoral del Golfo de México, para que se tuviera una vaga idea de las causas de esos derrames.
El origen de este desastre ambiental sí se ubica en las costas veracruzanas. No fueron, por supuesto, “trazas” de petróleo, tampoco fueron “gotas” del hidrocarburo. Las playas, los arrecifes y los manglares de Veracruz sí se vieron afectados por esta contaminación y sí, sí aparecieron especies marinas muertas a causa del petróleo.
Todo lo que le hayan dicho las autoridades de Veracruz, diferente a esto, fue -una vez más- mentira.
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Epílogo.
La renuncia de la directora del fideicomiso Fondo del Futuro, Ana Laura del Ángel Olivares, se da en un entorno bastante complicado. *** No se trata sólo del criminal abandono en el que tiene a la ciudad industrial Bruno Pagliai, sino -incluso- las deplorables condiciones en las que deja las oficinas del Fondo del Futuro. *** Los trabajadores de ese fideicomiso que están asignados a Xalapa recibieron la instrucción de que “se llevaran la oficina a sus casas”. ¿La razón? Resulta que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) cortó el servicio en las oficinas por falta de pago. *** A todo esto hay que sumar el retraso en la aplicación de salarios para su personal y el incumplimiento de laudos laborales. La explicación de estas irregularidades la da Ana Laura del Ángel en su carta de renuncia: “Actualmente el fideicomiso se encuentra inmóvil al ni haberse integrado y sesionado su Comité Técnico, por lo que sus servidores públicos carecemos de autorización para realizar actos y ejercer recursos”. *** Mientras esto se resuelve, las familias de los trabajadores del Fondo del Futuro luchan por sobrevivir sin la remuneración que les corresponde.
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