La idea al enviar “la Reforma Electoral muerta” y el “diluido Plan B”, (pues sabían que no pasaría la revocación de mandato para el 2027), fue saber quiénes se atrevían a votar en contra, a abstenerse, o bien, a ausentarse dicho día en el afán de no participar en el “tablero electrónico”.
Y fue así como ahora, de manera clara y contundente, sin subdiscursos de ningún tipo, la presidenta Sheinbaum y Morena tuvieron claro con quiénes no cuentan, incluso dentro del mismo movimiento… pues de los aliados ya sabían.
Las coaliciones o alianzas no se rompen de un día para otro, se erosionan o desgastan poco a poco, conforme ocurren situaciones de discrepancias o desconocimientos hacia el liderazgo del poderoso.
En resumen, la Reforma Electoral y el Plan B fueron la confirmación de lo que ya se observaba desde aquella “marcha atrás” a la iniciativa contra el nepotismo que Sheinbaum impulsó, y que en las cámaras frenaron los mismos aliados.
En Palacio se preparan para una elección, en el 2030, muy probablemente sin el PT (a menos que se someta), y quizá sin el Verde (a quien aún desearían como equipo en la boleta).
Así las cosas al momento; veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
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