Astrolabio Político.
Luis Ramírez Baqueiro.
 

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Ampliar el WTC: entre la polémica política y la apuesta por el desarrollo
2026-04-18

“La crueldad es la fuerza de los cobardes”. – Proverbio árabe.


En la política contemporánea, pocas cosas resultan tan predecibles como la reacción de la oposición frente a cualquier anuncio de alto impacto. No importa si se trata de una obra de infraestructura, una política pública o un proyecto estratégico de largo plazo: el reflejo inmediato es la sospecha, la descalificación y, en muchos casos, la construcción de una narrativa alternativa que pretende erigirse como la única versión posible de los hechos.


El reciente anuncio de la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, sobre la licitación para la remodelación y ampliación del World Trade Center (WTC) de Boca del Río, no fue la excepción. La noticia, que en cualquier otro contexto podría haber sido interpretada como una señal de apuesta por el desarrollo económico del estado, quedó rápidamente atrapada en el torbellino político generado por los señalamientos en torno al tema de la contaminación por combustóleo en playas veracruzanas.


A partir de ahí, algunos sectores de la oposición —y sus escribanos habituales— decidieron colocarse en el pedestal de los dogmáticos de la verdad. Con la misma velocidad con la que se construyen narrativas en la política moderna, se intentó presentar el anuncio como una maniobra distractora, como si el desarrollo económico del estado tuviera que detenerse cada vez que surge una controversia política o mediática.


Pero esa postura, más que crítica, parece profundamente reduccionista.


Porque más allá del ruido político, lo cierto es que la ampliación del World Trade Center de Boca del Río representa una apuesta estratégica con implicaciones económicas concretas. La inversión estimada de 900 millones de pesos —con una variación presupuestal dependiendo de costos finales y acabados— no es menor, y tampoco lo es el objetivo: duplicar la capacidad del recinto ante la creciente demanda de eventos, congresos y exposiciones.


Los centros de convenciones y complejos World Trade Center han demostrado, en México y el mundo, ser motores económicos de alto impacto. No se trata únicamente de edificios modernos o de espacios para eventos; se trata de plataformas que activan cadenas productivas completas.


El impacto económico de estos recintos es directo y medible. La llegada de congresos y convenciones implica ocupación hotelera, consumo en restaurantes, contratación de transporte, servicios logísticos, producción audiovisual, comercio local y una larga lista de actividades que generan empleos directos e indirectos. El turismo de negocios, además, suele tener un gasto promedio superior al turismo tradicional, lo que incrementa la derrama económica.


El propio modelo de los World Trade Centers funciona como un ecosistema empresarial. Son espacios donde convergen oficinas, centros de negocios, exposiciones y servicios de alto nivel, facilitando el networking y la atracción de inversión. En ese sentido, la ampliación del WTC Veracruz no sólo incrementaría la capacidad de eventos, sino también la competitividad del estado dentro del mercado nacional de turismo de reuniones.


México cuenta actualmente con 15 licencias activas de World Trade Center, entre ellas las sedes consolidadas de Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y Veracruz. Además, existen proyectos en desarrollo en ciudades como Mazatlán, Saltillo, Los Cabos y Durango, mientras que la World Trade Centers Association ha planteado como meta duplicar su presencia en el país, alcanzando hasta 30 desarrollos en los próximos años.


La competencia, por tanto, no es menor. Cada ciudad que invierte en infraestructura de convenciones busca posicionarse como destino atractivo para eventos internacionales. Quedarse atrás no es una opción para estados que buscan diversificar su economía y fortalecer el turismo más allá de la estacionalidad.


La ampliación del WTC de Boca del Río, además, contempla el uso de terrenos estatales aledaños y una licitación nacional con participación de mano de obra veracruzana, lo que también implica un impacto inmediato en el empleo local durante el plazo estimado de ejecución de dos años.


Frente a este escenario, la discusión pública debería centrarse en la viabilidad del proyecto, la transparencia de la licitación, la eficiencia del gasto y los beneficios económicos proyectados. Sin embargo, el debate ha sido arrastrado hacia el terreno de la confrontación política, donde los hechos pierden relevancia frente a las narrativas.


Porque una cosa es cuestionar —lo cual es legítimo y necesario— y otra muy distinta es pretender imponer una verdad única, rígida e inflexible, donde cualquier acción del gobierno es automáticamente interpretada como engaño o distracción.


La política mexicana, y particularmente la veracruzana, ha demostrado en múltiples ocasiones que cuando la discusión se polariza, la realidad queda relegada. El riesgo es evidente: mientras unos intentan construir desarrollo, otros se concentran en desacreditarlo, incluso antes de que inicie.


La ampliación del World Trade Center de Boca del Río puede —y debe— ser observada con lupa. Pero también debe reconocerse que apostar por infraestructura para el turismo de negocios, la inversión y la competitividad no es una ocurrencia, sino una estrategia probada.


Porque al final, más allá del ruido político, lo que está en juego no es una narrativa, sino el desarrollo económico de Veracruz. Y ese, guste o no, debería ser el verdadero centro de la discusión.


Al tiempo. 


astrolabiopoliticomx@gmail.com


“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx


 


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