Está claro que, en materia de comunicación, los tropiezos le han dejado una buena enseñanza a la gobernadora Rocío Nahle.
Tardó para admitir la gravedad de las inundaciones en el norte y la realidad le cobró caro esa pifia; intentó minimizar los efectos de los derrames de petróleo y al final un grupo de especialistas, formado por la presidente Claudia Sheinbaum, confirmó la gravedad del accidente y la responsabilidad de su amado Pemex.
No alcanzaba a recuperarse de lo que ella ha bautizado como el “nado sincronizado”, apenas se disponía a mostrarle a la presidente la “calidez” de los veracruzanos, cuando el secretario de Seguridad Pública, Alfonso Reyes Garcés, le dio la infausta noticia.
En medio de un tiroteo con presuntos delincuentes, elementos de la dependencia a su cargo impactaron con sus armas un vehículo en el que viajaban dos damas. Una de ellas (la doctora Bertha Burciaga Morán, quien atendía en el hospital general de Poza Rica) perdió la vida en ese mismo sitio, mientras que la otra fue rescatada con vida y trasladada a un hospital para su atención.
¿Dónde está el aprendizaje?
En cuestión de horas (habrá quienes piensen que eso es mucho, pero si en otras crisis se han tardado semanas, esto suena a una reacción inmediata) el gobierno estatal emitió un comunicado en el que narró que, “durante recorridos de vigilancia y disuasión”, elementos de esa corporación “presenciaron el robo de un vehículo en proceso”.
Menciona el comunicado que cuatro “masculinos” (es léxico policiaco) portando armas largas, a bordo de un vehículo sedán color azul, despojaban a un “masculino” de un vehículo tipo SUV color blanco, “por lo que iniciaron una persecución en el municipio de Tihuatlán, misma que se extendió hasta la caseta de cobro de Tuxpan”.
Y explican: “Durante la persecución, al repeler (los elementos de la SSP) la agresión por parte de los presuntos infractores de la ley, dos mujeres que viajaban en su vehículo particular resultaron heridas, por lo que el personal de esta institución priorizó su seguridad, procurando su atención médica inmediata, canalizándolas a los servicios de salud para su valoración, sin embargo, desafortunadamente una de ellas perdió la vida, mientras la otra persona se encuentra estable de salud”.
Al advertir que “se priorizó su seguridad” (las de las dos damas heridas) el comunicado da a entender que se olvidaron de la persecución y se concentraron en tratar de salvarles la vida, lo que -al menos en el caso de la doctora Burciaga Morán- resultó infructuoso.
El comunicado remata informando que, tanto los policías que participaron en los hechos, como las armas que utilizaron, “fueron puestos a disposición de la autoridad competente para la investigación correspondiente”.
¿Cuál es la sensación luego de este trágico suceso?
Pocas, muy pocas veces, la policía les hace frente a los verdaderos criminales y terminan siendo ciudadanos inocentes los que pagan las consecuencias.
¿No reciben, acaso, capacitación para saber cómo actuar cuando un enfrentamiento se da con la presencia de civiles?
¿Todo quedará en un “ustedes disculpen, los policías responsables ya están en la cárcel”?
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Epílogo.
Reza un viejo dicho: “tenía tan mala suerte, que cuando compró un circo le crecieron los enanos”. *** Eso parece suceder con el actual gobierno estatal. Aunque quizá no sea mala suerte, sino ese afán de actuar a partir de ocurrencias, sin un estudio detallado de los beneficios y los riesgos de cada proyecto. *** A finales del año pasado los empleados de una empresa privada que le brindaba servicios de limpieza a hospitales, centros de salud y oficinas públicas, salieron a las calles a protestar por la falta de pagos y el mal trato que recibían. *** La gobernadora está convencida de que “para que las cosas se hagan bien, las tiene que hacer ella misma”, por lo que anunció que su gobierno crearía una empresa que se encargaría de esos servicios. La bautizó como “Limpiaver”. *** Pues bien: no han pasado ni seis meses de la creación de ese bodrio y ya surgieron las primeras quejas. Los empleados (la mayoría de ellos exempleados de la empresa que fue desplazada) denunciaron que con su nuevo patrón (el gobierno estatal) están sufriendo hostigamiento laboral y cambios de turno sin previo aviso. *** La primera queja surgió entre quienes fueron asignados al Instituto Veracruzano de Salud Mental. Una docena de empleados de limpieza acusaron al supervisor Jesús Antonio Galindo Sánchez por disponer “cambios arbitrarios de jornada, trato ofensivo y decisiones operativas que han generado conflictos laborales”. *** Seguramente muchos lo tienen presente: algo similar ocurrió con los operadores de los autobuses chinos de pasajeros que se pusieron a circular en Coatzacoalcos. Los operadores denunciaron malos tratos, jornadas extenuantes y salarios inferiores a los que les habían prometido. *** ¡Qué mal patrón es el gobierno!
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