Cuando los argumentos se agotan, lo que sigue es la descalificación.
Desde los “zopilotes” que cometieron el pecado de difundir la tragedia que se vivió en el norte de la entidad con el desbordamiento de ríos y la inundación de poblados enteros, hasta “los comentócratas”, que se atrevieron a exhibir la verdadera dimensión del desastre natural provocado en el Golfo de México.
El guion es el mismo: en Veracruz las cosas malas “no pasan” y, si suceden, entonces “no son tan malas” y, si alguien insiste, “es que quiere que le vaya mal a Veracruz”.
Esos, sin embargo, han sido hechos aislados, fenómenos de la naturaleza (aunque en el caso del derrame de petróleo falta saber si existió la falla humana) que, aunque con grandes dificultades y un alto costo social, terminan por resolver.
Hay otra crisis a la que no le han encontrado solución y a la que le aplican la misma medicina: la descalificación de quienes la hacen pública.
Se trata de la inseguridad.
El estado de Veracruz sigue figurando entre las 10 entidades con mayor incidencia de homicidios dolosos en el país. En lo que va del presente año son ya 248 los ataques que costaron vidas humanas.
Aunque la zona más “caliente” sigue siendo el sur (Acayucan, Sayula de Alemán, Texistepec y Oluta) lo cierto es que también en el norte se tiene identificada una zona de alto riesgo, que tiene como epicentro al municipio de Poza Rica.
Para nadie es un secreto que hay organizaciones criminales en pugna, pues se disputan el control de La Huasteca, paso obligado para quienes operan en las fronteras de Tamaulipas con Estados Unidos: Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros.
En fechas recientes Poza rica se vio sacudida con el secuestro y asesinato del doctor José Antolín Montero Alpírez, y justo durante la Semana Santa fue ejecutado un comerciante de pollos en el centro de la ciudad, muy cerca de donde el pasado 19 de febrero fue asesinado el jefe de inspectores de Comercio del Ayuntamiento.
Es natural, pues, que los pobladores de Poza Rica levanten la voz, que salgan a las calles a reclamar mayor seguridad, que el compromiso de la gobernadora Rocío Nahle se cumpla.
Pero para los gobiernos emanados de Morena la salida más fácil es la descalificación. Alegar que las expresiones ciudadanas de protesta son producto de “la politización” porque en la marcha identificaron a ciudadanos que militan en partidos de oposición, es pretender distraer la atención del tema central: los ciudadanos de Poza Rica -todos- reclaman seguridad y ninguno de los tres niveles de gobierno se los ha podido resolver.
Los dirigentes y militantes de partidos políticos también son ciudadanos pozarricenses y tienen el derecho de manifestar su inconformidad por la pasividad con la que han actuado las autoridades. Eso mismo quisieran hacer muchos de los que portan los colores de Morena, pero les temen a las represalias.
Tan fácil -y tan honesto- que habría sido que la alcaldesa Adanely Rodríguez saliera a reconocer que la inseguridad es un problema serio y que su administración está haciendo un esfuerzo extraordinario para resolverlo. Ahí mismo pudo haber dado a conocer la adquisición de más patrullas y la próxima contratación de más elementos para la policía municipal.
Pero no, lo más fácil es decir “aquí no pasa nada” y culpar a “los carroñeros” de lo que ellos, como autoridad, no han podido -o no han querido- resolver.
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Epílogo.
Y resulta que los “modernos” autobuses de pasajeros que la gobernadora Rocío Nahle ha metido por la fuerza en Veracruz, Boca del Río y Coatzacoalcos, no son “la solución” que prometían. La crisis estalló en el sur de la entidad, pero muy pronto podría replicarse en el centro. *** Los operadores de estas unidades (bautizadas como “Quetzalli” en Coatzacoalcos) decidieron suspender labores en protesta por los abusos laborales de los que eran víctimas. *** Les imponen jornadas laborales de más de 12 horas, carecen de una estación de servicio con los elementos indispensables, como servicios sanitarios; no les dan tiempo para comer y, para colmo, no les están pagando lo que les prometieron. *** En las convocatorias que emitió el gobierno estatal para la contratación de operadores, les prometían jornadas de ocho horas e ingresos mensuales de entre 20 mil y 25 mil pesos. En lugar de eso, perciben pagos diarios de entre 500 y 900 pesos, dependiendo de las horas trabajadas. *** Quien llegó a “dialogar” con los operadores de Coatzacoalcos fue el representante del fideicomiso creado para la adquisición de esas unidades chinas, Enrique Santos, un sujeto con muy mala fama en el gremio de transportistas de Veracruz. *** Los transportistas volvieron a trabajar en sus unidades, tras la promesa de “revisar” sus condiciones de trabajo.
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