Figuras y figurones.
Francisco Licona.
 

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El verdadero problema no era el yate
2026-05-21

De la forma en que se presentó y abordó el tema del yate incendiado en el Estero del Río Jamapa, solo quedarán las cenizas del mismo si no se ventilan los hechos que sí podrían reclamarle los veracruzanos al extitular de Educación de Veracruz y actual diputado federal, Zenyazen Escobar García. 


Me refiero, a que desde mi particular punto de vista, el verdadero tema de fondo no es tan trivial, sino que es otro muy diferente. 


Es cierto que Zenyazen agrandó la enorme distancia que termina abriéndose entre el discurso de la austeridad de la 4T y la percepción pública de una nueva élite política viviendo con lujos difíciles de explicar ante una sociedad empobrecida. 


Pero más allá de eso, lo preocupante no es lo que hoy puede o no disfrutar, sino lo que no resolvió. 


Las carencias educativas y el desastre que dejó en el sistema educativo que lo manchó más profundo que la estela de diésel de un yate incendiado. 


El que maestros y padres de familia debieran comprar ventiladores para los salones, el agua para beber, las hojas, dotar de pintura o ver cómo proveer el internet para los alumnos, era solo lo visible. 


El verdadero problema fue lo invisible, lo que se ocultó bajo la alfombra y que apenas se está llegando a conocer con las cifras oficiales. 


Al salir Zenyazen y al término de la pasada administración, Veracruz se quedó con el siguiente palmarés: 


- Quinto lugar en rezago educativo; 


- Tercer lugar en atención educativa; 


- Cuarto lugar en analfabetismo;


- En el top cinco en matrícula e infraestructura y por debajo de la media nacional en cobertura neta. 


Pero eso no es todo: 


- Dejó a Veracruz con una tasa de abandono escolar en educación media superior del 8.1%; 


- Tercer lugar nacional en rezago educativo de su población indígena, donde el 25% de sus habitantes originarios carecían de la educación obligatoria terminada o alfabetización básica. 


En lo que no hizo ni pudo arreglar es donde debería centrarse el debate, en lo sustantivo que los diputados locales no se atrevieron a cuestionar durante sus comparecencias o si lo hicieron fueron ignorados. 


La reciente exhibición de Zenyazen del pasado fin de semana es de risa comparado con el grave daño que heredó al Estado. En este tenor, Zenyazen no es un caso único; durante el sexenio de Cuitláhuac García surgió una nueva generación política que llegó prometiendo terminar con “los excesos del pasado”, pero que terminó proyectando hacia la opinión pública una imagen muy distinta: escoltas, motocicletas de lujo, camionetas blindadas y ahora hasta polémicas marítimas.


Sin embargo, habría que establecer bien que el problema no es que un funcionario tenga patrimonio. El problema aparece cuando la percepción pública empieza a asociar ese estilo de vida con gobiernos que administraron sectores profundamente abandonados, como la educación.


Y más aún cuando proyectos multimillonarios como el “Nido del Halcón” o el estadio Luis “Pirata” Fuente, terminaron eclipsando una discusión por encima de lo más urgente: ¿Por qué Veracruz sigue teniendo escuelas en condiciones indignas y en el presente sexenio se tuvo que empezar a depurar a los miles de maestros que estaba en calidad de “comisionados”? El término ni siquiera existe en el Reglamento Interior de la SEV, ni en la ley laboral, y pese a eso, estaban “comisionados” a tareas administrativas o sindicales, abandonando aulas y la niñez y juventud veracruzana. 


Eso sí es un verdadero daño político, eso sí se le podría reclamar sin mayor demora al extitular de educación Zenyazen Escobar García. Porque el desgaste real para el diputado federal no proviene solamente de una situación que puede terminar en memes en redes sociales, sino en la crítica y el reclamo social que debería enfocarse en eso y en el verdadero daño hecho a su partido político: la sensación de que la austeridad terminó siendo discurso para unos y comodidad para otros. 


El pueblo exige sus derechos y castiga a quienes no cumplen lo que prometen. Es decir, no solo es por el lujo y los excesos como los exhibidos por Zenyazen Escobar, no es por el lujo en sí mismo pues cualquiera tiene derecho a mejorar su vida. Pero cuando se sospecha que los nuevos disfrutes se hacen con cargo al erario mientras el Estado se estacionaba en el rezago educativo, ahí la cosa cambia.


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