Esas tales comparecencias pueden ser disfrazadas, por algún interés gubernamental o político, con el manto del eufemismo, que es cuando el citador dice que los llamados a cuentas sólo fueron convocados “a hacer alguna declaración”.
Aquí se da el caso de que muchos sospechosos son atraídos hacia la Fiscalía a declarar y una vez que se presentan les cambian en automático su condición legal de “posible testigo” a “sospechoso” o “indiciado”, y ahí mismo los toman presos (ésa es una alternativa que ha puesto a pensar seriamente a la Gobernadora de Chihuahua).
La Fiscalía General de la República, por ahora en las amistosas y morenas manos de Ernestina Godoy Ramos, se decidió finalmente y se puso a llamar a comparecer (o invitó a que se presentaran a platicar) tanto al Gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a los otros nueve implicados por la Fiscalía de Estados Unidos, como a la Gobernadora de Chihuahua, Maru Campos.
La vox pópuli dice que a Rocha y sus secuaces se le llama por apoyar a los cárteles de la droga y a Maru por atacar a los cárteles de la droga, y ya se sabe que es la voz de Dios.
Y como los de Sinaloa son de casa para los de la Cuarta Transformación (“Es como mi hermano, y le quito el ‘como’: es mi hermano”, dijo públicamente de Rocha Moya mientras lo abrazaba el patriarca macuspano) son y serán tratados de maravilla, con “justicia y gracia”. Y como la panista Maru Campos es oposición y jefa de uno de los enclaves estatales que aún le quedan a Acción Nacional, pues será y es tratada con dureza, con “justicia a secas”.
Hay pues de comparecencias a comparecencias, y en el pecado del maltrato llevarán la penitencia y revelarán sus oscuras intenciones las autoridades judiciales guindas.
Lo vamos a ver y el pueblo lo reprobará también.
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