La paupérrima estrategia de contención lanzada por el Palacio Nacional desde el mismo 29 de abril en que fue entregada la solicitud por la Embajada de Estados Unidos a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SER), fue solicitar pruebas, pruebas, pruebas de los delitos por los que se acusa a los morenos sinaloenses.
El primer comunicado de la SRE evidenció que desde el mismo corazón de Palenque habían sido mandadas instrucciones de que se defendiera a Rocha hasta la ignominia (“Él es un hermano para mí”, AMLO):
"Los documentos que fueron recibidos por parte de la Embajada de los Estados Unidos, de acuerdo a la revisión jurídica de la SRE en el marco del Tratado de Extradición bilateral, no cuenta (sic por el singular erróneo) con elementos de prueba”.
Y de ahí en adelante las declaraciones de muchos protagonistas del Gobierno trumpista y del Congreso gringo han sido verdaderos bombazos de muy alto octanaje, y cada vez han ido subiendo de tono en su exigencia y en sus acusaciones de complicidad contra la administración de Claudia Sheinbaum.
¿Qué ha contestado la Cuatroté a las solicitudes y los extrañamientos? La respuesta ha sido escasa en recursos legales y se ha sustentado en la reiterada exigencia de que se presenten pruebas, lo que no es necesario en ese caso, y en varias distracciones que piensan que son maestras, como la de que la Sheinbaum aparezca con los chavos de BTS en Palacio Nacional o que salude a Bono y su banda U2.
Han sido simples curitas del Gobierno morenista para atacar el virus letal de las acusaciones. Y así no podrán nunca evitar el daño y la caída inminente del régimen.
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