Uno de los modelos más exquisitos de esa forma de gobernar fue el desdichado Secretario de Gobierno que tuvo Cuitláhuac García y que padecimos todos los veracruzanos y hasta algunos que no lo son.
El famoso Bola Ocho (a) Eric L. Cisneros Burgos tuvo en su puño el poder que los veracruzanos pensaron que le habían concedido al hijo de Atanasio, y se rodeó de una cohorte de zalameros colaboradores, que hicieron gala de su indignidad, de su soberbia y de su gusto por los centavos mal habidos (eso de los “centavos” es todo un eufemismo, porque robaron a rabiar). El problema es que muchos de los que perdieron con la salida del Bola terminaron siendo viudas alegres, porque han seguido trepados en las mieles de los puestos y los presupuestos.
Un ejemplo que ilustra sin comedimiento esa facilidad de seguir viviendo fuera del error es el de Jorge Viveros Pasquel, quien extrañamente tiene una formación académica aceptable y sin embargo cupo muy bien en las hordas analfabetas del bolaochismo. Nuestro personaje alcanzó la Dirección General de la Academia Regional de Seguridad Pública del Sureste.
Nos dice una fuente muy confiable que “en ese cargo, habría operado eventos políticos para Cisneros Burgos -reuniones con grupos de motociclistas, afición compartida entre ambos- sufragadas con recursos del erario estatal. Conducta que, de acreditarse, configura presuntas irregularidades bajo el Código Penal de Veracruz en materia de peculado y abuso de autoridad.”
Viveros Pasquel consiguió superar la pérdida de su padrinazgo y estuvo a punto de ser nombrado Director de la Policía Municipal de Xalapa, que catafixió muy oportunistamente con la regiduría sexta que le regaló la dirigencia estatal de Morena, hasta la fecha controlada por el cuitlahuato, seguramente impulsado desde la sombra por su oscuro protector.
La pregunta que todos se hacen es cuánto tiempo tardarán los operadores de la Cuatroté jarocha en darse cuenta del origen maldito del Regidor Sexto de la Atenas… y de otros compinches.
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