Si Cuitláhuac hubiera sido un buen gobernador, ni siquiera tendría que andar cabildeando con su lista en la mano. Pero hay que reiterarlo, ha sido el peor y por decencia no debería pedir más de lo que le han dado.
¿A honras de qué hay que seguir complaciéndolo si dejó a Veracruz en primer lugar nacional en rezago educativo, segundo lugar en feminicidios, tercero en secuestros y a la Fiscalía General del Estado como la más ineficiente del país?
De los sujetos que quiere acomodar no hay ni a cuál irle. Su primo hermano Eleazar, es junto con Zenyazen Escobar uno de los funcionarios más ricos del anterior sexenio. Era candidato a la cárcel si hubiera ganado la oposición y si lo hicieron diputado federal fue para que lo protegiera el fuero.
Carlos Alberto Juárez es un tabasqueño amigo de Andy López Beltrán que se lo empotró a Cuitláhuac como subsecretario de Gobierno. Su trabajo fue tan eficiente que nadie supo ni su nombre hasta que meses antes de que Cuitláhuac entregara el poder, lo hizo secretario de Gobierno.
Dorheny García Cayetano fue diputada federal, secretaria del Trabajo con Cuitláhuac y ahora es diputada local. Quienes la conocen dicen que aparte de no hacer nada, es una niña frívola y grosera que se preocupa más por mirarse al espejo que por legislar.
Estos tres buenos-para-nada son los que Cuitláhuac pretende imponerle a la gobernadora Rocío Nahle como pago a sus servicios. Sin contar a su gran amigo Zenyazen Escobar ejemplo de trabajo, buenos modales, educación y sobriedad en el Congreso Federal.
Zenyazen es todo un caso. De stripper del montón saltó a la titularidad de la SEV a la que desfalcó y se hizo multimillonario. Es dueño de varias casas, ranchos, caballos pura sangre y hasta de yates, pero lo niega todo.
Como legislador federal no ha hecho otra cosa que danzar en las redes, seguirse enriqueciendo y meterse en líos. A mediados de mayo explotó el yate Squalo (valuado en un millón de dólares) en el Estero de Boca del Río y hubo dos mujeres heridas. Pero lo que llamó la atención fue la insistencia del diputado por decir que el yate no era suyo y lo único que logró fue el efecto contrario. Hace unos días le cantó la bronca en el Congreso al priista Carlos Mancilla y desde entonces no la ha visto llegar.
No se le vio a lado de Claudia Sheinbaum en la mega manifestación de la semana anterior en el Monumento a la Revolución; tampoco en la que se organizó en el malecón de Veracruz y encabezó la gobernadora Nahle.
De estar en la cima, Zenyazen se fue al hoyo y ahora está tratando de acercarse a Rocío para que “le eche la mano” y le siga permitiendo mamar de la ubre presupuestal. Pero la gobernadora no tiene el menor interés de hablar con él. Y hace bien. ¿Qué de bueno le puede dejar una charla con un sujeto corriente, casi iletrado y que no puede ocultar lo corrupto?
Por otro lado, alguien debe decirle a Cuitláhuac que para lo que hizo le pagaron con sobradez y en demasía.
Si la gobernadora Nahle le cierra la puerta tanto a él como a su gente, nadie se lo reprochará. Ya estuvo suave de estar solapando, apapachando y protegiendo a ladrones, corruptos y holgazanes.
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